El joven que arrolló a una madre y a su bebé se convierte en ídolo de miles de seguidoras
¿Cómo un chaval que arrolló a una madre y a su bebé en una carrera ilegal acaba con un ejército de admiradoras? El caso, que en España habría quedado en
nada según varios comentarios, ha reabierto el debate sobre la
hibristofilia: la atracción de algunas mujeres hacia criminales convictos. Las redes se han llenado de mensajes defendiendo al conductor, y no son cuatro gatos.
Qué es la hibristofilia y por qué genera tantos seguidores
La
hibristofilia no es un invento de foro: es un fenómeno documentado. Se define como la atracción sexual o romántica hacia personas que han cometido delitos graves, especialmente asesinos. En el material analizado se menciona el caso de
Ted Bundy, que siendo un asesino en serie tenía un ejército de seguidoras por su aspecto y labia. También se recuerda al preso cuyo
mugshot lo convirtió en modelo. Y en España, el condenado por la muerte de Marta del Castillo recibió dinero y apoyo de fans mientras cumplía condena.
Los mensajes del hilo señalan que este fenómeno se da
más en mujeres. Una intervención lo resume: «Mujeres mujereando, paren las rotativas». Otra apunta que «cuando eres guapo, tendrás a chicas que justifiquen que asesines, robes y violes». No es una opinión aislada: hay quien sostiene que la mayoría de esas admiradoras son mujeres que ven en el preso un objeto de deseo inalcanzable.
El accidente que no fue un accidente: la carrera ilegal
El caso concreto que originó el debate es el de un joven que, al volante de un
Mustang con motor de 8 cilindros regalado por su madre, participó en una carrera ilegal y arrolló a una madre y a su bebé. Los mensajes describen que el coche salió del concesionario a nombre de la madre y que el hermano mayor iba de copiloto. Para muchos, esto no es un accidente: «Atropellar de esa forma a una madre con su hija en medio de una carrera ilegal no es un accidente», se lee. La distinción entre accidente e imprudencia grave es el eje del debate.
Hay quien compara el caso con el de
Farruquito, que atropelló y mató a un peatón y fue condenado a penas reducidas. En España, según varios mensajes, «en vez de 24 años le hubieran caído 24 meses de cárcel, sin entrar a prisión». Otro recuerda el caso de una chica que atropelló y mató a varios ciclistas y quedó con condena mínima. La sensación de agravio comparativo es generalizada.
La condena de 24 años y el debate sobre la proporcionalidad
La pena de
24 años por un accidente parece una barbaridad a algunos. «24 años por un accidente me parece una burrada», dice un mensaje. Otros replican que no fue un accidente, sino un homicidio imprudente agravado por la carrera ilegal. La discusión deriva hacia la proporcionalidad de las penas: ¿debe castigarse igual un despiste al volante que una competición clandestina?
El caso de
Samuel se menciona como contraste: «ya veréis lo que les cae a los que mataron a Samuel. Yo digo que menos». La comparación entre penas por delitos similares es constante. También se critica que la ley trate de forma distinta un accidente doméstico y uno de tráfico: «si penar los accidentes fuese algo justo, deberían estar penados todos los accidentes», se argumenta.
El papel de las redes sociales: TikTok y Twitter como altavoz
El fenómeno no se limita a un foro. «Hay millones de publicaciones en TikTok y en Twitter», afirma un mensaje. La comunidad en español ha amplificado la defensa del joven. Las seguidoras publican mensajes de apoyo, ediciones de fotos y hasta teorías que justifican su conducta. La
hibristofilia se mezcla con el morbo y la cultura de la celebridad instantánea.
Algunos análisis apuntan a que muchas de esas cuentas buscan
trolear o llamar la atención. «La mayoría de esos mongolos lo hacen por trolear y por los loles», se lee. Pero otros casos muestran que la atracción es real: el asesino de la katana, al salir de prisión, tuvo varias pretendientas y se casó. La frontera entre broma y devoción es difusa.
La brecha de género en la atracción hacia criminales
La discusión deriva hacia una cuestión de género. «Las mujeres son subnormales profundas», llega a decir un mensaje, en una generalización que no se sostiene. Otros matizan: «no seamos ridículos, hay mujeres que van a las cárceles a follarse a asesinos tan panchas». El fenómeno existe, pero atribuirlo a todo un género es un salto lógico. Los estudios sobre hibristofilia no confirman que sea exclusivo de mujeres, aunque la mayoría de casos documentados de admiradoras de asesinos son femeninos.
La conversación también toca la responsabilidad individual: «vivimos en una sociedad decadente donde parece que se exime a la gente de la responsabilidad de sus actos», se lamenta. La conclusión, si alguna, es que el caso ha expuesto una grieta: la fascinación por el crimen y el castigo mediático conviven con una creciente desconfianza hacia el sistema judicial.
Al final, la pregunta no es si el chaval es guapo o no. Es por qué miles de personas dedican su tiempo a defender a alguien que arrolló a una madre y a su bebé. Y la respuesta, por desgracia, no cabe en un titular.