Por qué unas violaciones importan más que otras
¿Por qué ciertos casos de violencia sexual acaparan portadas mientras otros apenas provocan un comunicado? En el debate público se ha instalado una pregunta incómoda: ¿existe un trato diferenciado según el origen del agresor? Desde sectores críticos se señala que, cuando los autores son hombres migrantes o de minorías, la condena desde la izquierda se vuelve tibia, se matiza con apelaciones al contexto o directamente se silencia. Mientras, cualquier agresión cometida por un varón blanco y español desata una oleada de movilizaciones.
El caso conocido como 'la nueva manada de Pamplona' es citado como ejemplo: habría recibido menos cobertura mediática que otros similares. Quienes defienden la coherencia del feminismo institucional argumentan que todas las violencias se condenan por igual y que las diferencias de cobertura responden a la noticiabilidad, no a un sesgo político. Pero la persistencia de esta percepción sugiere que el relato oficial no logra convencer a una parte de la población.
La cuestión de fondo es si la lealtad al bloque progresista –la necesidad de no 'dar armas a la ultraderecha'– prima sobre la defensa incondicional de las mujeres. Algunos análisis apuntan a que se ha instalado una jerarquía implícita de víctimas: unas merecen toda la solidaridad; otras, un silencio cómplice.
Al final, la coherencia parece ser una víctima más del tribalismo político.