Migración joven y masculina: el desequilibrio de sexos que nadie mide
La inmigración que llega a España en los últimos años tiene un perfil incómodo de mirar de frente: mayoritariamente hombres, mayoritariamente jóvenes, muchos sin pareja y sin red familiar. El relato público habla de cupos, de vivienda y de empleo. De lo demás, casi nadie. Y lo demás —la vida afectiva de miles de hombres solos— condiciona dónde duermen, con quién se relacionan y cuánto tardan en echar raíces.
Una pirámide demográfica sin mujeres
La migración económica es, por definición, un proyecto de solitarios: se marcha primero quien puede trabajar y enviar dinero, y la familia se reagrupa después, si se reagrupa. El resultado es un desequilibrio de sexos que se nota en los pisos compartidos, en las horas libres y en la calle, no en las estadísticas de empleo. No es un fenómeno nuevo. La emigración española a Alemania y Suiza en los años sesenta y setenta también fue abrumadoramente masculina y también dejó a miles de hombres solos y mal alojados en barracones, un espejo que conviene tener presente antes de tratar el caso actual como algo inédito.
El hueco que cubre el mercado informal
Cuando falta vida social y sobra dinero en efectivo, aparece quien lo cobra. Buena parte del trabajo sexual en España se mueve en la economía sumergida, sin contrato ni alta, y su clientela es en gran medida migrante y de paso. Hay quien sostiene que ese mercado funciona como válvula de escape y hay quien responde que el argumento disfraza explotación pura. Los datos que permitirían cerrar la discusión —cuánto dinero mueve, cuánta gente lo ejerce, en qué condiciones— no se publican, precisamente porque es informal.
Siete millones de solteros, y no todos llegaron ayer
La cifra que descoloca el relato es la de los siete millones de solteros sin pareja que ya había aquí antes de la última oleada. La soledad no es un rasgo importado: es una tendencia demográfica española, con o sin migración. Lo que cambia con el desequilibrio de sexos es la concentración del problema en un grupo concreto, joven y sin red de apoyo. Alrededor de esa evidencia circulan también acusaciones de violencia sexual sin desglose estadístico que las sostenga, y conviene recordar que una afirmación repetida mil veces no se convierte en dato por repetición.
¿Cuánto de esto es un problema migratorio y cuánto una sociedad que lleva años dejando de formar parejas? El número que lo resolvería no está en ningún titular.