Transexualidad subvencionada, homosexualidad castigada: el doble rasero legal iraní
¿Cómo se explica que un país castigue la práctica homosexual y, al mismo tiempo, pague de su bolsillo la cirugía de cambio de sexo? La respuesta está en la jurisprudencia chií iraní, que separa de manera tajante identidad de género y orientación sexual. No es una rareza teórica: Irán permite e incluso subvenciona las operaciones de afirmación de género mientras las relaciones entre personas del mismo sexo cargan con penas severas.
La teología que hace posible la paradoja
La clave está en el vacío normativo. Ni el Corán ni los hadices contienen una referencia clara al fenómeno trans contemporáneo, según señala la literatura académica. De ahí se deduce que una persona que transiciona a otro sexo deja de ser homosexual: su relación con alguien del sexo contrario, después del reconocimiento legal, se considera heterosexual. La homosexualidad, en cambio, es ilícita y castigada.
El Estado que paga la transición y persigue el deseo
La consecuencia es un doble rasero con coste presupuestario. El Estado iraní asume la factura de la reasignación de género como un mecanismo para resolver lo que considera un desorden, mientras la práctica homosexual sigue tipificada como delito. Algunas lecturas subrayan que la penalización ha golpeado tradicionalmente al rol pasivo, y que la transición permite al interesado acogerse a una condición heterosexual reconocible.
Al final la paradoja se disuelve: el régimen no castiga el deseo, castiga el desorden. Y como el orden se puede renegociar, el ciudadano encuentra en el quirófano una salida que el código penal le niega. Curiosa forma de resolver la contradicción: pagando para que desaparezca.