Bye Felicia
Bully de barrio
Me joroba tanto casi como…
Última edición:
Follow along with the video below to see how to install our site as a web app on your home screen.
Nota: This feature may not be available in some browsers.

El abuso de flashbacks en el cine puede romper la fluidez de la historia y resultar irritante para el público. Un recurso que, mal utilizado, resta más que suma.
El cine a veces se empeña en contarnos las cosas a trozos, como si fuéramos niños pequeños o tuviéramos la memoria de un pez. Las películas que salpican su metraje con constantes saltos al pasado, intercalando escenas del presente con fragmentos de lo que ya ocurrió, pueden llegar a ser un auténtico suplicio. No es solo una cuestión de gusto; es que rompen el ritmo, te sacan de la historia y te obligan a hacer un esfuerzo innecesario por reconectar los puntos.
Hay directores que parecen creer que el espectador necesita que le señalen cada detalle, que no es capaz de seguir una narrativa lineal sin que le recuerden a cada escena el contexto previo. Es como si nos dijeran: "Eh, que esto pasó antes, ¿te acuerdas?". Pues sí, nos acordamos. No somos tan tontos. La memoria nos da para seguir una historia sin necesidad de que nos la desmenucen escena a escena, pasado y presente a partes iguales.
Claro que hay películas donde este tipo de estructura funciona. Pensemos en Memento (2000), donde la amnesia del protagonista justifica esa fragmentación, reflejando su propio caos mental. La trama se presta a recordar episodios de forma aleatoria. Pero en muchas otras, como en El Padrino II (1974) o Manchester By The Sea (2016), el uso de flashbacks constantes se siente forzado, un artificio que no aporta nada a la trama principal y solo sirve para marear la perdiz.
Me joroba tanto casi como…