El topless en la playa: ¿costumbre en extinción?
Las playas españolas han sido escenario de una transformación silenciosa. Hace quince años, la mayoría de las mujeres jovens practicaban el topless sin complejos. Hoy, según observaciones recurrentes, esa práctica se ha vuelto residual entre las menores de 30 años. ¿Qué ha cambiado?
Menos pechos al sol, más quejas y móviles
Quien haya ido a la playa este verano lo habrá notado: las jóvenes en topless son una rareza. Algunos apuntan al "puritanismo" creciente; otros, a la incomodidad generada por las miradas insistentes y la omnipresencia del móvil. "Ya casi ninguna hace topless", resume una voz habitual del debate. "Os sacáis los móviles, os sacáis los nabos, las miráis mientras os cae la baba... no queda ni una de mis amigas con ganas de enseñarle las tetas al sol".
Las razones del declive
El fenómeno no es banal. Detrás de la prenda que sube o baja hay un cambio sociológico. Por un lado, la hipersexualización del cuerpo femenino en redes sociales y publicidad ha creado un entorno donde mostrar el torso desnudo ya no se asocia con libertad, sino con exposición no deseada. Por otro, la actitud de algunos hombres —fotos sin permiso, comentarios, persecuciones— ha convertido el rato de playa en un incordio. Como señala una observación: antes el topless era natural; ahora, la presencia del "baboso" lo ha estigmatizado.
El contraste generacional
Curiosamente, quienes mantienen la costumbre son mujeres mayores de 40 o 50 años, las mismas que vivieron la explosión del topless en los años 80 y 90. Las jóvenes, en cambio, optan por bikinis o camisetas de tirantes ajustadas. Algunos ven en ello un retroceso social: "la sociedad se está volviendo distópica". Otros, una evolución lógica: cada generación elige su propio código.
La paradoja la resume un bañista: "Las mujeres que hacen nudismo desde pequeñas y lo ven como algo natural, fuera de la playa no las verás insinuando nada; las que fuera enseñan tanga y ropa ajustada, en la playa nudista van tapadas".
¿Vuelta atrás?
El declive del topless no es un fenómeno aislado. Se inscribe en una tendencia más amplia de recato creciente en el espacio público, que algunos atribuyen a influencias conservadoras y a la autocensura inducida por las redes. Lo cierto es que, a falta de datos oficiales, la percepción es unánime: en la playa se ve menos piel que hace una década. Y no precisamente por frío.