La votontada que dejó a la oposición sin argumentos
El mayor ataque a la soberanía española ha vuelto a sacar a la luz la fragilidad de la respuesta política. Con Ceuta y Melilla convertidas en polvorín, la pregunta sobre quién convoca y quién llena la calle ha enfrentado a los críticos con los partidos de la oposición. Un sector carga contra PP y Vox: "ni han propuesto manifestaciones masivas". Otros responden: "ya lo hicieron, repasa hemeroteca". El misterio queda flotando: ¿dónde están los líderes cuando las ciudades españolas arden?
El nombre de Alvise Pérez, agitador digital, aparece como la excepción que confirma la regla. Fue a Ceuta a montar su puesta en escena, mientras las fuerzas políticas tradicionales miraban desde el escaño. "Lo tenían en bandeja", dice un análisis. La respuesta escéptica no se hace esperar: "¿Por qué hay que justificar nada? Porque alguien va a sacar un dedo minúsculo o apretar el puño?". La pregunta incómoda: ¿sirven de algo las protestas?
En el trasfondo asoma la desconfianza hacia el sistema. "Todos los partidos democráticos son tributarios de los mercaderes del dinero y la democracia es la forma de gobierno que mejor defiende sus intereses", apunta una corriente. El clásico argumento de que la izquierda no tiene el monopolio de la calle se cruza con el clasismo: "las manifestaciones no son patrimonio de la izquierda; esa viñeta revela una mentalidad de vago y perdedor".
La votontada, esa palabra que parece un insulto de taberna, resume la sensación de que la política institucional no da la talla. Nadie espera que PP o Vox se echen a la calle en defensa de Ceuta y Melilla, pero el silencio de los partidos ante un ataque a la soberanía sigue siendo un misterio. O no: quizá simplemente están donde siempre estuvieron, esperando que el otro mueva ficha.