Linux Mint 19.1: así se instala cuando es la primera vez
El tutorial promete lo de siempre: reducir el volumen de Windows para hacer sitio, arrancar desde un pendrive y darle a siguiente. Y ahí aparece el muro. El
particionado del disco es la barrera que tumba a media humanidad que intenta pasarse a Linux por primera vez, y el vídeo lo sabe: por eso enseña dos caminos, el automático que hace todo el instalador y el manual, donde el usuario crea a mano una partición para el sistema y otra para los datos personales. La gracia es que ni el propio autor se atreve a llamar fácil al segundo: lo bautiza como el «No tan Fácil».
Qué enseña el tutorial antes de instalar Linux Mint
El planteamiento es sensato y por eso duele. Antes de tocar el instalador hay que hacer hueco en el disco, y eso significa entrar en Windows, reducir el volumen y dejar espacio libre para las futuras particiones. Es el paso que casi nadie explica y que convierte una tarde tranquila en un sudoku de asignación de megabytes. El vídeo lo cubre, pero también deja claro algo incómodo: la instalación de Linux sigue dependiendo de que el usuario entienda un concepto (dónde acaba un sistema y empieza otro) que el resto del software moderno lleva años ocultando.
La solución de tres discos: desconectar y rezar
Hay una salida que suena a broma y es real: tener
tres discos físicos, uno para Linux, otro para Windows y un tercero solo para archivos de trabajo y personales. Cuando toca instalar, se desconectan físicamente los otros dos y se le da a siguiente sin pensar. Es la versión doméstica de aislar el problema en lugar de resolverlo, y funciona. También funciona, según cuentan, tener un equipo antiguo sin UEFI, donde Linux Mint y Windows 10 convivieron tranquilos hasta que una actualización semestral del segundo lió la madeja y obligó a recuperar datos y reinstalar. La conclusión que se repite: si quieres seguir cacharreando, un disco exclusivo para Linux evita estos jaleos.
¿Es Linux Mint una distro innecesaria en 2019?
Aquí el tono sube. Una parte del análisis sostiene que Mint nació para facilitar codecs como el MP3 y que hoy es redundante, que parasita a Ubuntu —quien pone dinero y recursos— y que cuando algo falla te remiten a los foros de la casa madre. La respuesta no se hace esperar:
Mint no está entre las tres primeras más utilizadas por casualidad, funciona, es estable y trae Cinnamon, un escritorio que gusta y que Ubuntu no ofrece de serie. Y cuando alguien saca el ranking de Distrowatch como prueba, le recuerdan que eso solo mide clics en una web, no sistemas instalados; donde hay datos de verdad es en el sector industrial, con Red Hat y Ubuntu fuertes en la nube, y en las estadísticas de Steam, que representan una parte mínima del escritorio. El menosprecio entre comunidades, dicen los veteranos, resbala: llevan quince años aguantándolo.
Cinnamon, Timeshift y el error que deja el sistema en bucle
La parte más útil del asunto llega con los problemas reales. Un usuario cuenta que Mint se le colgó y se quedó atrapado en un bucle pidiendo la contraseña. Sospecha que configuró demasiadas copias de
Timeshift y llenó el disco. Desde el Live CD se puede restaurar una copia, y es rápido. El diagnóstico apunta a algo tan poco glamuroso como haber metido las copias en la raíz en lugar de en el home, con una partición inservible al principio y sin swap clara. La recomendación que cierra el caso: reinstalar limpio con tres particiones primarias —
4 GB para swap, 25 GB para el sistema y todo lo demás para datos— y dejar de acumular instantáneas sin mirar dónde caen. La primera instalación se hace con miedo; la segunda, con prisa.
Y ahí se queda la cosa. El tutorial enseña a instalar Linux Mint 19.1, sí, pero el problema que nadie resuelve es el de siempre: mientras el particionado siga siendo un examen, la puerta de entrada al escritorio libre tendrá el cartel de «No tan Fácil» colgado en la manilla.