Elegir perro: 2.000 euros el corgi con pedigrí o la vía del cruce
¿Cuánto vale un perro? 2.000 euros si es un corgi con pedigree galés, según el dato que se lanza en el hilo. Mucho menos si es un cruce recogido en una perrera. Y la respuesta que más se repite entre los participantes apunta a la segunda opción. En el debate, elegir perro aparece sobre todo como una decisión de consumo —compra, pienso, veterinario— y ahí la experiencia acumulada pesa más que el catálogo de razas.
El caso de partida lo pone un primerizo con casa y
jardín grande que planea una
caseta bien aislada y una hora de paseo diaria. Ha descartado por carácter al lobo checoslovaco y al malinois, se plantea golden o labrador y admite que querría un perro con presencia para cuando su mujer pasee sola por el campo. Sus hijos, de 9 y 13 años, deberían ayudar; él da por hecho que la carga caerá sobre sus hombros y la asume.
Lo típico, dice, aunque deja la mente abierta.
¿Cachorro o perro adulto para un primerizo?
La primera advertencia que recibe es sobre los cachorros. Muerden, escarban en el jardín, no paran y necesitan gastar energía. Dan mucho trabajo. La alternativa que se le ofrece es un perro adulto tirando a viejo: tranquilo y agradecido. Él la rechaza de plano porque
vete a saber qué traumas llevan encima y no quiere líos en su estreno.
El problema es que un cachorro tampoco llega en blanco. La conducta se moldea con premio y corrección inmediata —el perro no entiende el enfado de cinco horas después—, y quien no lo hace acaba culpando al carácter, a la raza o a la madre que la parió. La educación, insisten las voces más veteranas, pesa más que el pedigrí.
Golden, labrador o border collie: qué raza elegir según el uso
Sobre las favoritas hay consenso: golden y labrador son la elección lógica para lo que describe, y no en vano se usan como perros guía. El golden tiene pelo largo y da mucho más trabajo de baño y cepillado; el labrador se lleva mejor. Del border collie se avisa: es la raza más inteligente, pero necesita atención constante y, sobre todo, trabajo. Sin rebaño, sobra perro.
Se cuelan otras candidatas. El bóxer, noble y familiar,
con una paciencia increíble con los críos, mentalidad de cachorro hasta los dos años y luego un protector tranquilo y poco ladrador. El galgo, contra el tópico, es tranquilo atado, no ladra ni muerde y suele aguantar bien la soledad, según uno de los participantes. El mastín impone presencia y fama de leal. Y hay quien lanza la cifra que descoloca: el pastor alemán sería la raza con más ataques a humanos reportados en Europa.
¿Por qué los criadores baratos salen caros?
El argumento sanitario se repite en el hilo. Según uno de los foreros, quien cruza ejemplares sin control genético produce camadas con
displasia de cadera, problemas de piel y enfermedades que se pagan luego en el veterinario, y labradores, goldens y pastores criados así engrosan esa estadística. Los cruces, sostiene, suelen salir más sanos. Por eso el consejo que más se repite es acudir a la perrera o a la protectora.
Razas españolas frente al perro de moda
El corgi que popularizó la monarquía británica se paga caro con pedigree. Sus primos ibéricos, el can de palleiro gallego y el guicho, salen mucho más baratos. Del can de palleiro se dice que no es el mejor en nada, pero es el segundo mejor en todo, y que comparte ancestros con el labrador y el retriever que los portugueses llevaron a Terranova. Un detalle de arqueología canina que casi nadie tiene en cuenta al firmar el cheque.
Adoptar un perro: cuestionario, contrato y visita a casa
Ahí aparece el obstáculo que muchos no tragan. Adoptar implica rellenar un cuestionario, firmar un contrato de cuidado, aceptar una visita domiciliaria y un seguimiento posterior. El objetivo declarado es asegurar que el animal vivirá mejor que en la perrera, y quien colabora con estas asociaciones lo defiende con un argumento incómodo: hay casos en los que ni de lejos sería así. Para el primerizo de esta historia es una línea roja.
¿Cuánto cuesta mantener un perro grande?
Menos de lo que parece si se mira solo el pienso. Según el cálculo que hace uno de los foreros, un saco de veinte kilos ronda los
11 euros, y tres perros de tamaño medio y grande vienen a consumir entre 10 y 20 kilos al mes cada uno. La factura de verdad está en otra parte: alergias, enfermedades autoinmunes y urgencias veterinarias. Y en el riesgo cotidiano. El primer labrador de esta historia murió envenenado dos meses después de llegar a casa, tras comer algo durante un paseo por el monte. El veterinario no pudo hacer nada.
La familia lo pasó mal, habló del tema y volvió a intentarlo. Hoy tiene otro labrador, negro y algo más arisco. ¿Merece la pena obsesionarse con la raza cuando lo que decide el resultado es una educación constante, un pienso barato y un perro que no coma lo que encuentra en el campo?