El Corolla cuesta 30.000 € en España y 24.000 $ en EE.UU.: la brecha que nadie explica
Con un salario medio que apenas supera los 1.800 euros netos al mes, comprar un coche nuevo se ha convertido en una quimera para la mayoría de los españoles. El Toyota Corolla, uno de los modelos más vendidos, arranca en 30.000 euros en el mercado nacional, mientras que en Estados Unidos se comercializa por 24.000 dólares (unos 22.000 euros al cambio). La diferencia, superior al 25%, no se justifica solo por impuestos o costes de importación.
La paradoja del renting de segunda mano se presenta como la alternativa más sensata para quienes necesitan un vehículo fiable sin hipotecarse. Adquirir un coche con tres años de antigüedad procedente de flotas de renting permite ahorrar hasta la mitad del precio de uno nuevo. Pero el mercado de usados tampoco es lo que era: los precios se han disparado, y muchos ejemplares están “sobados” tras kilómetros intensivos de alquiler.
La opción del coche eléctrico se topa con la realidad de la infraestructura. Invertir 40.000 euros en un Ford Capri eléctrico puede ser una ruina si vives en un pueblo con el surtidor más cercano a 60 kilómetros. Sin embargo, quien dispone de garaje propio puede instalar paneles solares y baterías, reduciendo el coste de la electricidad a casi cero. Una solución que solo está al alcance de una minoría con vivienda unifamiliar.
El crédito sigue siendo el recurso más utilizado, pero con los tipos de interés actuales, financiar un coche a 8 años es una losa. La recomendación más pragmática pasa por aumentar los ingresos —cambiar de trabajo o aprender mecánica para comprar con criterio— o, directamente, renunciar al coche y optar por una moto, como propone el análisis más crudo. Porque, con sueldos de mierda, el problema no es el precio del coche, sino que comprarlo es, directamente, un suicidio económico.