China esquivó la estrategia de Kissinger y hoy lidera la nueva revolución industrial
Un vídeo del analista Marcelo Gullo ha reavivado el debate sobre el ascenso de China y el fracaso del plan diseñado por Henry Kissinger para mantener al gigante asiático bajo control occidental. Según Gullo, la clave está en tres fases históricas: esplendor imperial, decadencia humillante y resurgir planificado.
El plan que salió mal
La estrategia estadounidense pretendía integrar a China en la economía global como proveedor barato, manteniéndola dependiente tecnológicamente. Pero Pekín jugó sus cartas: absorbió inversión foránea mientras desarrollaba su propia industria. Como se señala en el análisis, la avaricia corporativa —empresas llevando fábricas a China sin aranceles— acabó dinamitando el plan. "Ningún gobernante íntegro permitiría que su industria se fuera y siguiera vendiendo", resume un argumento recurrente.
La dependencia tecnológica como talón de Aquiles
La réplica escéptica apunta a una debilidad: China aún depende de Taiwán para semiconductores, una isla 260 veces más pequeña y con 60 veces menos población. Sin embargo, la tendencia demográfica en Taiwán apunta a una creciente inclinación por la reunificación, y la expectativa es que la isla "caiga como fruta madura".
La nueva revolución industrial
Mientras tanto, Pekín acelera en inteligencia artificial y tecnologías propias, justo cuando EE.UU. intenta frenarla con sanciones. La paradoja está servida: el sistema de "tecno-franquismo" chino controla el bienestar social mediante un sistema de puntos, pero también forja una clase media que exige mejores condiciones. El debate deja claro que China ya no es la fábrica del mundo, sino un competidor que marca el ritmo de la próxima revolución industrial.
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