Un forero pone a los matemáticos en el punto de mira de la IA
Hay una paradoja que conviene mirar dos veces. Durante años, el consejo repetido en España para cualquier chaval con buena cabeza ha sido el mismo: estudia una carrera STEM, que ahí está el futuro. El doble grado de matemáticas más lo que sea se convirtió en la puerta de entrada a la banca de inversión, a las consultoras y a los departamentos de datos. Ahora, en un debate de foro, un participante sostiene que la inteligencia artificial va a reducir la demanda de matemáticos y perfiles similares. Según su planteamiento, los mismos perfiles que iban a heredar el mundo figuran entre los primeros que la máquina podría dejar sin sitio.
El planteamiento que abrió la conversación es sencillo y algo incómodo: si un banco de inversión tenía diez matemáticos, con la IA le bastará uno que rinda como diez. La comparación que se usó fue la de las constructoras, que pasaron de una sala llena de delineantes armados con rotring a un solo técnico manejando AutoCAD. No es que desaparezca la profesión, es que se comprime el número de sillas.
Qué se dijo sobre matemáticos y data scientists
El detalle que más se repitió es que la IA no necesita ser creativa para comerse el trabajo de un analista. Buena parte del oficio consiste en limpiar datos, aplicar métodos conocidos y producir un informe. Eso ya se automatiza. La discusión se enredó justo ahí: unos sostienen que la máquina solo resuelve problemas ya resueltos y no ha demostrado capacidad para crear matemáticas nuevas; otros responden que esa objeción es una forma cómoda de idealizar al ser humano y que la vanguardia del conocimiento quedará en muy pocas manos, mientras el resto de la profesión se recoloca en una ingeniería peor pagada o directamente en el máster de profesorado.
Hay un matiz que conviene no perder. La IA no tiene por qué ser mejor matemática que un matemático para dejarle sin sitio. Le basta con ser suficientemente buena para que el departamento pase de doce personas a tres. El resto es contabilidad de plantilla.
El precedente que nadie discute: secretarias, delineantes y calculadoras
El argumento más sólido que apareció en la conversación no venía de la IA, venía del pasado. Las calculadoras primero y Excel después se llevaron por delante a una legión de contables y secretarias de oficina. Nadie salió a la calle porque el cambio fue lento, silencioso, repartido en veinte años. Lo mismo con los delineantes y el software de diseño. La tecnología no entra en un sector con una explosión, entra con una filtración.
Esa lentitud explica por qué el debate se atasca. Los que miran el corto plazo ven oficinas llenas y concluyen que no pasa nada. Los que miran la curva ven una pendiente que ya empezó. La discusión sobre si la IA es una burbuja —y hubo quien la comparó con la fiebre de las impresoras 3D, que iban a dejar en paro a media humanidad y acabaron imprimiendo llaveros— convive con la certeza de que algo se está moviendo por debajo.
La traducción automática y el fin del inglés como ventaja
La otra derivada del hilo fue el idioma. Con traductores simultáneos en el móvil, auriculares que traducen conversaciones en tiempo real y aplicaciones que leen un menú con la cámara, hay quien sostiene que aprender inglés como lengua global va a perder buena parte de su valor. La predicción más agresiva, defendida por un forero, es que el inglés quedará como lengua regional y la comunicación internacional se hará a través de una capa intermedia automática.
Frente a eso, el argumento clásico: la máquina traduce, pero no negocia, no intuye, no convence. Para una reunión de alto nivel o un contrato internacional sigue haciendo falta alguien que entienda los matices. La conclusión más repetida es que el idioma sobrevive en los nichos profesionales y se desploma en el uso cotidiano. Para pedir un café en Lisboa, efectivamente, ya no hace falta saber portugués.
Los oficios que se libran, de momento
La lista también dejó un hueco para los que respiran tranquilos. Un conserje nocturno de hotel no se ve amenazado. Un fontanero o un electricista con experiencia tampoco. La razón es sencilla: la IA maneja información, no tuberías. Todo lo que exige manos, desplazamiento físico y diagnóstico sobre el terreno aguanta mejor el envite, al menos hasta que la robótica dé el salto que aún no ha dado.
Incluso ahí hay grietas. Ya existen hoteles donde la recepción se atiende por videollamada desde otro continente, y hay clientes que directamente descartan alojarse donde no haya una persona detrás del mostrador. La resistencia del consumidor es, de momento, el mejor convenio colectivo.
La pregunta que queda abierta
Si los perfiles STEM mejor pagados empiezan a sobrar, ¿hacia dónde se recoloca una generación entera a la que se le dijo que estudiara matemáticas porque ahí estaba el futuro? Nadie tiene la respuesta. Ni la lista, ni el banco, ni el chaval que acaba de matricularse.