Alemania quiebra su dogma fiscal para rearmarse: ¿contra Putin o contra la deuda?
Alemania ha suspendido por primera vez desde 1955 su límite constitucional de deuda para aprobar un paquete de 800.000 millones de euros en gasto militar. La cifra, que incluye partidas para Ucrania hasta 2027, ha desatado un debate sobre si el verdadero objetivo es la defensa frente a Rusia o un salvavidas para la industria armamentística y la economía germana, asfixiada por el fin de la energía barata rusa.
Los defensores del rearme argumentan que la amenaza rusa es real y que Europa debe asumir su propia defensa. Sin embargo, los escépticos señalan que Alemania no tiene capacidad industrial ni energética para sostener una guerra prolongada, y que el verdadero beneficiario será el complejo militar-industrial estadounidense. Además, la decisión de denegar asilo a los ucranianos en edad militar —recogida en un pacto firmado el 14 de abril entre Zelensky y Merz— refuerza la percepción de que se prioriza el frente sobre la protección humanitaria.
En paralelo, algunos analistas advierten de que la emisión monetaria para financiar este gasto provocará una cascada inflacionaria que pagarán los contribuyentes europeos. El euro podría sufrir una devaluación forzada como consecuencia de la impresión masiva.
El resultado, a día de hoy, es incierto. Nadie espera que Alemania invada Rusia, pero la maquinaria bélica ya está engrasada. Si el conflicto se estanca, los 800.000 millones habrán servido para reestructurar la deuda alemana bajo el pretexto de la defensa. Si se intensifica, el coste humano y económico puede ser imprevisible. Una cosa es segura: la neutralidad fiscal germana ha muerto.