Colapso educativo: notas regaladas y profesores como animadores
El curso escolar ha arrancado con huelga docente y un diagnóstico que ya no se calla en las aulas: el nivel ha bajado, las notas se regalan y la figura del profesor se ha convertido en la de un animador cultural. La pregunta que recorre los pasillos es simple: ¿de qué sirve la iniciativa si no entienden lo que dice un texto?
Notas que ya no miden nada
La evaluación se ha convertido en un teatro. En muchos centros, una parte de la nota es “muestra interés” o “se esfuerza”, y los alumnos aprueban con exámenes suspendidos. Los que estudian lo ven como una estafa. Hay quien lo resume con crudeza: “cuantos más tontos, menos competencia”. Pero el engaño tiene un coste: cuando las cosas se pongan mal, los que no aprendieron señalarán a los que sí lo hicieron como culpables.
La anécdota que circula entre el profesorado es elocuente. Un docente se encabezonó con un alumno que tenía un 3,5 según su rúbrica. La familia reclamó por vía administrativa y luego judicial. El niño aprobó. La lección que muchos sacan es simple: ponle un 5 y te quitas de problemas. Así se fabrica el fracaso.
La presión de los padres y la administración
La bajada de nivel no se explica solo por las leyes. Hay un factor que pesa más: las familias. Solo se quejan cuando sus hijos suspenden porque solo les interesa un título. La administración, en lugar de sostener el criterio del profesorado, opta por la solución cobarde: regalar titulaciones para no tener conflictos. En las aulas, los padres tienen bastante poder. Y cuando el profesor pierde autoridad, quien toma el timón es el alumno más disruptivo. El acoso, en ese escenario, no es una anomalía: es una consecuencia.
El debate político: LOGSE, LOE, LOMCE y la reforma que nunca llega
La politización de la educación no ha dado buen resultado. Desde la LOGSE en los años 90, cada gobierno ha aprobado su ley y derogado la anterior. El PP de Aznar aprobó la LOCE en 2002, pero Zapatero la modificó en 2004 y aprobó la LOE en 2006. Rajoy hizo su LOMCE, y Sánchez la derogó. Hay quien sostiene que la culpa es de los políticos y de sus votantes, que siguen votando lo mismo. Otros señalan que el PP también tuvo mayorías absolutas y no derogó la LOGSE. La conclusión es incómoda: a los políticos les interesa un sistema que no moleste.
La IA como acelerador del analfabetismo
La inteligencia artificial llega como un acelerador. Muchos alumnos toman las respuestas de la IA como verdad absoluta, sin revisar nada. Ya hay institutos donde los trabajos se hacen con IA y los profesores los revisan con IA. Nadie tiene intención de hacer las cosas bien. Hay quien advierte del “sedentarismo cognitivo”: usar la IA como método en vez de como apoyo debilita la capacidad de valernos por nosotros mismos. Otros, en cambio, sostienen que la IA solo es útil si sabes mucho del tema; si no sabes de lo que hablas, te comes incorrecciones y errores garrafales.
La salida privada y la quiebra de la escuela pública
Ante este panorama, algunos padres optan por la privada, a menudo religiosa y sin pantallitas. Sin embargo, hay quien sostiene que el nivel de los colegios privados también es paupérrimo; lo único que hacen es evitar que tus hijos compartan aula con una composición social más heterogénea. Los aprobados en selectividad no muestran una brecha significativa. La clase media desaparece y los políticos huyen. La educación pública, para muchos, es un aparcaniños; la secundaria, un aparcaadolescentes; la universidad y la FP, aparcadesempleados.
El punto donde el análisis se atasca
El diagnóstico es unánime: el sistema está roto. Pero las culpas se reparten en todas direcciones. Unos culpan a los políticos, otros a los padres, otros a los profesores sin vocación. Hay quien sostiene que la sociedad nunca tiene la culpa de nada y que todo viene de arriba. El análisis se atasca en la misma pregunta: si todos señalan a todos, ¿quién mueve ficha? Mientras tanto, el curso sigue y las aulas siguen llenas de alumnos que no entienden lo que leen.