Cola en la embajada de España en Argentina: no la abrió Milei ni es nueva
Una cola de ciudadanos argentinos a las puertas de la embajada de España se ha convertido en la estampa con la que muchos resumen el momento que atraviesa el país. La lectura fácil dice que Milei los empuja fuera. La lectura incómoda —y repetida por quienes siguen esas colas desde hace tiempo— es que el atasco consular
lleva años ahí, y que lo que ha cambiado no es el flujo, sino el ánimo con el que se emprende el viaje.
El pico de solicitudes de nacionalidad por descendencia, sumado al cierre de empresas y a la megadevaluación, ha puesto a miles de familias a hacer cola con la misma carpeta bajo el brazo. No es un fenómeno nacido en los últimos meses, pero el contexto lo ha engordado.
El ajuste argentino que empuja a la salida
El relato más repetido entre quienes están dentro del país apunta a lo mismo:
cierre de miles de empresas y comercios, presión tributaria y una devaluación que se come los salarios. Se habla de gente que huye «del hambre y la miseria», de la desocupación tras el ajuste y de una nueva vuelta del impuesto a las ganancias que, en la práctica, convierte a un asalariado en contribuyente de tramo alto.
El dato que más circula es el de un
trabajador que gana 1.300 dólares y al que se le aplica ese gravamen como si fuera rico, según sostiene un mensaje del hilo. A eso se suma el calendario: vísperas de un nuevo episodio de deuda, con el FMI exigiendo liberar el tipo de cambio antes de fin de mes. La foto no es la de un país en calma.
Hay, sin embargo, una discrepancia de fondo. Una parte sostiene que Milei gobierna para los acreedores y que el ajuste es la causa directa del éxodo. Otra recuerda que el goteo migratorio
venía de antes y que atribuirle a este gobierno la cola entera es confundir el detonante con la tendencia.
Quién está en esa cola: perfiles y oficios
El perfil tampoco es el que muchos imaginan. No se trata, dicen, de población marginal: hablamos de
gente formada, técnicos, profesionales de negocios e informática, familias con niños que buscan tres cosas concretas —seguridad, estabilidad y una educación decente para sus hijos—. Es el tipo de migración que un país con paro alto recibe con sentimientos encontrados.
De ahí el argumento que recorre el descontento: si llegan cualificados dispuestos a cobrar menos, el efecto no es solo cultural, es de
salario. Se habla abiertamente de
dumping laboral en un mercado donde las empresas, dicen, no suben sueldos y presionan para que entre carne fresca. El empresariado, apuntan con retintín, aplaude con las orejas.
Y luego está el matiz que rompe el esquema: hay quien recuerda que a la embajada italiana no se va, lo que reabre el debate sobre por qué España es el destino preferido.
España, el destino: 12% de paro y 50% juvenil
El otro lado del mostrador no está mejor. El argumento más duro contra la llegada masiva es aritmético:
un 12% de paro —y el interrogante de cuánto es el real— con el
50% de paro juvenil hace difícil justificar que falten manos. España lleva, se subraya, 47 años en el primer puesto de desempleo de la OCDE.
Con esas cifras, la conclusión que se impone en una parte del análisis es que el país no necesita importar trabajadores cualificados, sino arreglar su propio mercado laboral antes de abrir la puerta. El país no cabe, dicen, hasta que no se resuelva el problema de fondo.
Frente a eso, la corriente que pide calma recuerda que la afinidad cultural y la ausencia de riesgo añadido hacen de esta migración una de las menos conflictivas. Es un
y tú más entre economistas de barra de bar que, sin embargo, describe una tensión real.
La Ley de Nietos y el desbordamiento consular
Buena parte del volumen tiene una explicación administrativa poco glamurosa: los consulados y embajadas de países con descendientes de españoles están desbordados. Argentina, Cuba, Venezuela o Miami comparten el mismo cuello de botella. La nacionalidad por abuelo español convertida en la puerta de entrada más citada.
No todos los que hacen cola quieren quedarse a trabajar. Muchos tramitan el pasaporte como
seguro de vida, por si el país termina de romperse. La cola, entonces, no distingue entre los que huyen y los que solo se curan en salud.
Un último debate: ¿hay fraude electoral o simple descontento?
En el fondo del asunto asoma una discusión más incómoda. Hay quien directamente niega que el actual gobierno argentino obtuviera más de la mitad de los votos y habla de irregularidades sin aportar pruebas, algo que no se sostiene sin expediente. Y hay argentinos que reconocen haber votado al proyecto por sus promesas y que hoy se declaran decepcionados.
El asunto se cierra, de momento, donde empezó: con una cola que no la abrió un decreto, que lleva tiempo formándose y que seguirá creciendo mientras el ajuste no dé tregua. Si el tipo de cambio se libera y la deuda se renegocia, la foto consular puede cambiar de tamaño. O no.