Coches lonchafinistas: calidad alta sin financiar y por 13.000€
¿Merece la pena comprar un coche nuevo o es tirar el dinero? La tesis que sostienen los partidarios de los coches lonchafinistas es sencilla: el problema no es gastar menos, sino gastar mejor. No se trata de un utilitario pelado, sino de un vehículo con tecnología y acabados por encima de la media pagado al precio más bajo del mercado. El primer número sobre la mesa es el
Toyota Auris 1.6 de gasolina, 132 CV y acabado Active: la oferta general de la marca lo deja en
14.750€ más 1€ por el paquete de equipamiento Look.
La letra pequeña del Plan PIVE y el suelo de los 13.000€
Ese precio lleva trampa. Los 14.750€ incluyen el
Plan PIVE, la ayuda que obliga a entregar un coche viejo para achatarrar. Quien no tenga un vehículo que cumpla, suma
1.000€ y se planta en 15.751€. La parte buena: la oferta
no exige financiar, una rareza que en la práctica libra al comprador de intereses y comisiones de apertura. Y todavía queda margen, porque en el comparador Arpem el mismo modelo aparece por
13.491€, previsiblemente sin PIVE.
La horquilla se repite en el resto del mercado. Un Seat León de 110 CV con acabado Style ronda los
13.000€ en los portales de descuento según avanza la vida del modelo, mientras que un KIA Cee'd 1.4 CRDi de 90 CV se quedó en
14.000€ clavados tras regatear. En el extremo opuesto, hay quien ha salido de un concesionario con un Suzuki Alto por
7.900€ con el PIVE incluido, a sabiendas de que su maletero
«parece una guantera». Cada franja de precio tiene su hueso.
Para quien quiera ver el modelo por fuera antes de echar cuentas:
¿Fiesta EcoBoost o Yaris diésel? El duelo del segmento B
Bajando un escalón, la comparación se afila. El Ford Fiesta EcoBoost de 100 CV y acabado Trend se quedaba en
10.600€ en un concesionario de Barcelona, frente a los
11.800€ del Toyota Yaris diésel de 90 CV en acabado Active. En consumo homologado la distancia es mínima:
3,7 litros a los 100 para el Fiesta y
3,5 para el Yaris. Son 1.200€ de diferencia a favor del Ford que el gasoil difícilmente compensa si se hacen pocos kilómetros.
Aquí conviene un cálculo que casi nadie hace. Un coche de 12.000€ estirado hasta los 200.000 kilómetros cuesta
unos 6 céntimos por kilómetro solo en amortización: un viaje de 100 kilómetros son 6€ que se han ido en perder valor, antes de contar combustible, seguro o impuestos. Para quien usa el coche como herramienta de trabajo, esa cifra pesa más que cualquier folleto de acabados.
Segunda mano: lotería, híbridos y el precio de las baterías
El mercado de ocasión genera tanta ilusión como desconfianza. Hay quien lo resume así: por el precio de un coche nuevo se pueden comprar diez de segunda mano, de modo que en esa lotería aumentan las posibilidades de acertar. El contraargumento es igual de sólido: dos unidades idénticas, con los mismos años y el mismo aspecto, pueden esconder una impecable y otra destrozada. No hay modelo que garantice nada.
El caso del
Toyota Prius híbrido de segunda generación (2004-2009) ilustra el dilema. Se encuentran unidades por
6.000 a 8.000€, paga menos impuesto de circulación y las revisiones son baratas, pero el fantasma es la batería: sustituirla ronda entre
3.000 y 6.000€ y, según los cálculos que circulan, suele tocarla alrededor de los 150.000 kilómetros. A eso se suma que buena parte del parque usado procede de antiguos taxis. Y ojo con la reventa: marcas con mala salida comercial pueden convertir una compra aparentemente barata en un problema el día que haya que venderla. También se discute el seguro: para unos, contratar solo terceros por
150€ en un coche de 12.000€ es un riesgo; para otros, el todo riesgo deja de compensar cuando su prima se acerca al valor residual del vehículo.
El KERS mecánico y el renting: lo que viene
En el horizonte técnico aparece el llamado
KERS mecánico, un disco de inercia que gira a altas revoluciones y acumula energía cinética al frenar para devolverla en el siguiente arranque, sin motor eléctrico, batería ni alternador. La idea se prueba ya con volantes de inercia capaces de girar a
60.000 revoluciones por minuto y promete circular con el motor apagado buena parte del tiempo en ciudad. La duda que deja es la de siempre: qué ocurre cuando esa energía acumulada cae en manos de quien pisa a fondo.
Para quien no quiere sustos, otra vía son los coches de renting. Las marcas los sueltan por tandas cuando cumplen contrato, mediante listas que se adjudican
por orden de reserva y a precio único, con la ventaja de que las mejores unidades son las que rondan los 15.000 kilómetros. Menos glamour y menos riesgo que la puja por un desconocido. La otra cara del lonchafinismo es la longevidad: hay quien sigue circulando con un diésel de 1997 y 425.000 kilómetros, aunque con achaques que amenazan desguace.
Al final manda la aritmética: 6 céntimos por kilómetro de amortización,
60 y pico euros de impuesto de circulación y una prima de seguro que cada uno decide dónde poner. Con esas cuentas, lo raro no es comprar un coche nuevo barato, sino seguir pagando 20.000€ por el mismo trayecto.