China solo registra un 0,1% de inmigrantes extranjeros: el dato que desmonta el relato occidental
China tiene un problema de inmigración: apenas existe. Según el censo de 2020, el país contaba con 1.430.695 inmigrantes, una cifra que supondría el 0,1% de su población de 1.400 millones. Pero el dato se desinfla aún más al desglosarlo: 584.998 de esos «inmigrantes» son residentes de Hong Kong, Macao y Taiwán, territorios que Pekín considera parte de China. Los extranjeros de verdad —845.697 personas— apenas representan el 0,06% de la población.
El espejo chino frente a la realidad occidental
Mientras España debate cómo gestionar una población extranjera que supera el 15%, China mantiene un control de fronteras que hace palidecer a cualquier país desarrollado. Solo 12.000 extranjeros tenían residencia permanente en 2023. La diferencia no es casual: en China el poder político y económico están fusionados en el Partido Comunista, que decide que la inmigración masiva no interesa. En Occidente, como apuntan algunos análisis, el verdadero poder —financiero y empresarial— ha optado por abrir las compuertas para sostener el sistema, con independencia de las consecuencias sociales.
Lo que el censo chino esconde
El 40% de los «inmigrantes» son en realidad chinos de territorios con estatus especial. Si se aplicara el mismo criterio en España —considerar «extranjeros» a los españoles nacidos en América Latina—, el porcentaje de inmigrantes se dispararía. Pero aquí la comparación cojea: España suma millones de extranjeros de origen diverso; China apenas roza el 0,1% total. La ironía es que mientras en Europa se acusa a Pekín de falta de apertura, los datos muestran que la sociedad china es, demográficamente, la más homogénea del mundo desarrollado.
Si China mantiene su férreo control de fronteras, seguirá siendo una anomalía demográfica. Quizá el verdadero espejo no es para Occidente, sino para quienes creen que el desarrollo exige una apertura sin condiciones.
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