China pone en marcha la primera siderúrgica que solo usa hidrógeno verde
En un momento en que Europa debate cómo descarbonizar su industria sin deslocalizarla, China acaba de activar la primera planta de fundición continua para acero de automoción que emplea hidrógeno verde como único combustible. Las únicas emisiones del proceso, aparte de las propias de la colada, son vapor de agua. La noticia ha caído como un jarro de agua fría en el sector siderúrgico global, y no precisamente por su perfil ecológico.
El proceso, conocido como
Flash Ironmaking, reduce el tiempo de fabricación de seis horas a seis segundos. Nada más y nada menos. Originado a partir de investigaciones del Departamento de Energía de EE.UU. en 2013, ha sido China quien, tras una década de I+D, ha logrado la primera planta comercial. La colaboración con empresas italianas sugiere que, una vez más, la UE financia I+D que acaba materializándose en el gigante asiático.
¿Hidrógeno verde o verde propaganda?
El escepticismo es inevitable. El hidrógeno se etiqueta como «verde» si se produce con renovables, pero algunos analistas sostienen que la energía podría provenir de nucleares o incluso de carbón, dado que China sigue construyendo centrales térmicas. El vapor de agua emitido, además, es un gas de efecto invernadero más potente que el CO₂, aunque su ciclo de vida es más corto. La discusión sobre si esto es un avance real o un simple eslogan para titulares está servida.
Lo que no discute nadie es la velocidad: el nuevo método reduce el tiempo de reducción del mineral de hierro de horas a segundos, un salto tecnológico que, si se confirma, dejaría obsoletos los altos hornos tradicionales. Y mientras en Europa se cierran plantas y se subvencionan proyectos piloto con resultados inciertos, China ya tiene la primera factoría funcionando.
El impacto en el mercado global del acero
La siderurgia no usa petróleo ni gas, sino carbón coquizable. Pero el hidrógeno verde permite eliminar el carbono del proceso y, con él, las emisiones de CO₂. Para los productores europeos, que ya arrastran sobrecostes energéticos y medioambientales, la competencia china se vuelve aún más letal. Si la tecnología escala, la cuota de mercado del acero chino, ya dominante, se disparará. Los fabricantes europeos, según se apunta, ni siquiera tienen un proyecto similar en cartera. La ventaja competitiva es abismal.
El dato que desconcierta
El proceso completo reduce el tiempo de fabricación de 6 horas a 6 segundos. Una mejora de eficiencia tan drástica que, si se confirma, no solo transformará la industria del acero, sino que redefinirá las cadenas de suministro globales. Que nadie espere que Occidente lo tenga fácil: la tecnología ya existe, está funcionando y es china.