El islam en China: de Aladín a Zheng He, una herencia incómoda
Aladín transcurre en China. No en Bagdad ni en Persia: el famoso cuento de Las Mil y Una Noches sitúa su acción en un país que muchos lectores occidentales imaginan con palacios árabes. El detalle es la puerta de entrada a una realidad incómoda: la presencia islámica en China es más antigua y extensa de lo que el relato oficial admite.
Los hui son un grupo étnico chino musulmán. Su origen se remonta a la Ruta de la Seda, cuando comerciantes y viajeros llegaron a ciudades como Suzhou. Allí, hoy, conviven mezquitas, cementerios musulmanes y restaurantes halal con la vida cotidiana. Testimonios directos señalan que no hay persecución religiosa visible, con mujeres usando velo y hombres con gorrito blanco.
La polémica se tensa al hablar de Xinjiang. La región, más grande que Mongolia y tres veces la superficie de España, es un territorio con fuerte presencia musulmana. Quienes denuncian una política de borrado histórico señalan que su pasado islámico fue silenciado; los análisis más matizados recuerdan que casi la mitad de sus habitantes son han y que el territorio tardó siglos en islamizarse después de ser budista.
En medio, la figura de Zheng He, un almirante de origen musulmán, demuestra que el islam alcanzó las élites del poder imperial. Que un comandante musulmán dirigiera grandes expediciones marítimas no encaja en la imagen de un país monocultural.
Mientras tanto, en Suzhou, el cementerio musulmán y el restaurante halal siguen ahí. Para quien quiera verlos.