Minsk 3 y el nuevo orden sin EEUU
El debate arranca con un detalle incómodo señalado por el participante que abre el hilo: el gasóleo ruso que Europa seguiría adquiriendo por vías intermediarias como Marruecos, una
tomadura de pelo que sirve para leer toda la guerra como un negocio mal cerrado. A partir de ahí, el escenario que se baraja es que el desenlace de Ucrania no se está escribiendo en Washington. Se escribiría en Pekín. No hay confirmación oficial de semejante giro ni papel firmado a la vista, pero el escenario ha dejado de sonar a ciencia ficción.
¿Habrá un Minsk 3 con Xi Jinping como garante?
Un participante plantea un tercer acuerdo de Minsk con
Xi Jinping como garante. En esa hipótesis, Pekín no actúa como mediador neutral sino como el avalista que EEUU nunca quiso ser, y el resultado se lee como pérdida de hegemonía estadounidense en toda regla. La lógica que subyace es sencilla: quien garantiza el acuerdo es quien manda.
Queda por ver si Washington azuza más el conflicto o lo deja estar. Si lo deja —se argumenta— China le pasa la mano por la cara sin necesidad de disparar un tiro. Y una tercera vía, más sombría, apunta a una última traca americana en Taiwán antes de asumir el repliegue. Nadie firma esa predicción. Todos la temen.
El coste real: sanciones, deuda y desdolarización
Aquí aprieta la parte que interesa a quien lee números. Doce paquetes de sanciones después, Rusia no se ha quebrado: crece, según sostiene un participante, y empuja con los BRICS un sistema paralelo sin dólar ni Swift. Entre tanto, un usuario del hilo recurre a la deuda por habitante como marcador del desgaste:
- Deuda por habitante en EEUU: 85.000 dólares
- Deuda por habitante en España: 35.000 euros
- Paquetes de sanciones occidentales contra Rusia: 12
Son las cifras de ese cálculo, que el participante usa para sostener la idea de que el ciudadano estadounidense medio no se ha enriquecido tanto como sugiere el relato oficial mientras los grandes negocios globales se inflaban a deuda pública.
¿Por qué se da por imposible la victoria de Ucrania?
Porque, según se sostiene en el hilo, el propio aparato militar estadounidense lo admite. El
general Mark Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto de EEUU, ve imposible la victoria ucraniana, y la OTAN no ha logrado suministrar munición suficiente para sostener el frente. Ese es el argumento duro, el que no depende de simpatías.
En contra pesa la respuesta de quienes exigen continuar: que la contraofensiva ucraniana recupere lo suyo, que la guerra termine con Ucrania entera. La discrepancia no es táctica, es de marco.
La UE como tercer polo, o el feudalismo mundial
Una parte de la discusión rechaza el binomio Washington-Pekín. No se trata de elegir bando, sostienen, sino de construir una
UE independiente como sujeto único; a quien defiende eso se le encasilla de prorruso sin más, y ahí se rompe cualquier debate.
La réplica llega afilada: la multipolaridad que se vende como progreso es un feudalismo mundial, grandes potencias con sus zonas de influencia, un modelo ya vivido que terminó siempre en guerras. Y un aviso: escuchen lo que dicen los rusos sobre lo que quieren, en lugar de suponerlo.
La crisis que viene después
El otro foco del desacuerdo es económico. «En cuanto termine la guerra se desatará un nuevo infierno», advierte una parte, que sospecha que muchos países sostienen un estado de excepción encubierto para posponer una crisis que estallará igual al callar las armas. El temor concreto que plantea otro participante: Rusia ha reconvertido su industria hacia una economía prebélica, casi un año de leyes de emergencia y producción de armamento que no se desmonta de un día para otro.
Del lado optimista se apunta a la vuelta de Trump y a un reacomodo de las corrientes antiglobalistas en EEUU. Del pesimista, a que nada de eso evita el ajuste.
Con estos mimbres, prever un final limpio es temerario. Unos sitúan el desacople entre 2024 y 2028; otros dan por hecho que la crisis ya está aquí, solo que aplazada. La única coincidencia real: si Ucrania se reparte, la mesa la presidirá otro.