Letonia no tiene menos hombres: tiene más mayores
Para que una letona joven esté soltera porque «faltan hombres» haría falta que de verdad faltaran. El análisis demográfico apunta a lo contrario: entre los 0 y los 39 años la proporción es de aproximadamente 0,95 mujeres por cada hombre. Nacen más niños que niñas y la ventaja, mínima, es masculina. La escasez que se viraliza existe, sí, pero en otro tramo de edad y por otras razones.
¿Cuántas mujeres hay por cada hombre en Letonia?
El dato agregado —116 o 117 mujeres por cada 100 hombres— es cierto y engañoso a la vez. Se sostiene sobre la mayor esperanza de vida femenina: de 65 años en adelante la brecha se dispara hasta casi dos mujeres por hombre. En la franja de 40 a 64 años se mueve entre 1,15 y 1,2. El desequilibrio demográfico que alimenta el relato se concentra, por tanto, en edades que no aparecen en los vídeos que lo difunden.
El desajuste que sí existe: formación y expectativas
Hay un segundo desajuste, este económico. Letonia registra una de las mayores brechas de género de la Unión Europea en educación superior: la proporción de mujeres con titulación universitaria o de posgrado supera con holgura a la de los hombres. Eso deja a un grupo amplio de mujeres con alta formación, estabilidad laboral y expectativas profesionales buscando pareja en un segmento bastante más estrecho de lo que sugiere el censo general.
La operación turística detrás del relato
No es la primera vez que este mensaje aparece. Lleva años circulando por internet y parte del análisis lo lee como una campaña de atracción. Con la llegada de los vuelos de bajo coste, Riga y otras ciudades bálticas entraron en el mapa de las despedidas de soltero y del turismo masculino del norte de Europa. El reclamo era simple: aquí hay mujeres espectaculares y pocos competidores. El precio del vuelo hacía el resto.
Hay quien sostiene, además, que la brecha real entre jóvenes no es de número sino de cualificación, y que las quejas de soltería esconden un problema de expectativas cruzadas. Es la lectura menos romántica y la que mejor encaja con los datos disponibles.
Si el déficit de hombres es real solo a partir de los 65 y el desajuste joven es de formación y no de volumen, ¿qué queda en pie: el problema demográfico o el relato que lo vende?