España, el país de los calvos: Chechu y el negocio del pelo
¿Cuántos calvos hay en España? El dato que más se repite, un 44% de la población masculina, no procede de ningún registro oficial, pero ha bastado para reabrir una conversación que nunca se cierra. El detonante tiene nombre de serie de los noventa: Chechu, el niño de «Médico de familia», calvo antes de cumplir los 30, hostelero desde hace años y casado desde 2021.
Quién es Chechu, el de Médico de familia
El relato que se viralizó colocaba al ex intérprete trabajando en un Carrefour. La comprobación lo tumbó: montó un par de restaurantes hace ya años y le va bien. También se corrigió la fecha de la boda, que fue en 2021 y no estos días. Y hay un detalle que ordena todo lo demás: la calvicie llegó antes de los 30, no como consecuencia de ninguna crisis reciente. Antes había pasado por varias series, entre ellas «Ana y los 7», de emisión diaria, un formato que se pagaba —según el cálculo que circula— desde 5.000 euros por capítulo.
El agua, la dieta y otras explicaciones sin base
Cuando un fenómeno se repite tanto, aparecen las teorías. Se ha atribuido la abundancia de calvicie al agua, a la alimentación o al clima, sin ningún respaldo epidemiológico. Lo único verificable es la percepción: España compite por el primer puesto mundial en pérdida de pelo masculina y el contraste con otros países salta a la vista en cualquier aeropuerto. De ahí a la conclusión conspirativa —que la cura existe y se esconde para vender lociones de por vida— hay un paso que ninguna prueba sostiene.
Por qué ya casi no hay futbolistas calvos
En los noventa, cualquier equipo alineaba dos o tres calvos entre los 17 y los 34 años. Hoy es raro. El argumento más repetido sitúa el cambio en 2010, cuando una pastilla contra la calvicie dejó de estar prohibida en el deporte, y añade que el efecto se extiende a actores y famosos. El otro lado del debate enumera efectos adversos serios —depresión, disfunción eréctil, ideación suicida— y responde que, con ese perfil, no la tomaría tanta gente. La decisión sobre un tratamiento es materia de un médico, no de una encuesta.
El peaje de haber sido niño de la tele
Buena parte del escrutinio no fue sobre el pelo, sino sobre el físico del protagonista y de su pareja. Es el precio de haber crecido delante de una cámara. También explica el efecto secundario más interesante del asunto: la conversación pública sobre la calvicie, del relato de la aceptación al rechazo, con la máquina de afeitar y el aceite de romero como terapia de andar por casa.
Dar con la cura de la calvicie debería ser cuestión de Estado, se ha llegado a escribir. Mientras llega, el mercado seguirá vendiendo champú.