El estado de excepción como arma electoral de Sánchez
La crisis de Ceuta no es solo una tragedia humanitaria en la frontera sur. Según un análisis difundido por El Mundo Financiero, el caos migratorio de la ciudad autónoma podría convertirse en el pretexto perfecto para que Pedro Sánchez evite la convocatoria de elecciones y prolongue su mandato de forma indefinida.
La teoría es simple. El Gobierno mantendría la situación de Ceuta tal y como está, “sine die”, esperando a que venza el plazo legal para disolver las Cortes. En ese momento crítico, la Moncloa decretaría el estado de alarma, excepción o sitio, lo que bloquearía la disolución automática del Parlamento. Con apoyo de la mayoría “frankenstein”, la medida excepcional se prorrogaría una y otra vez, y Sánchez seguiría en el poder sin pasar por las urnas.
Quienes defienden esta lectura recuerdan que el presidente es “experto en modificar normas a su antojo vía decreto” y que las declaraciones de Sánchez a los ceutíes –“tienen que aceptar esa normalidad”– apuntan a una crisis que se cronifica. Además, el Tribunal Supremo ha paralizado la ley de nietos, y el Gobierno tendría ahora un motivo extra para retrat las elecciones hasta que el Tribunal Constitucional corrija al Supremo.
No faltan voces escépticas. Se recuerda que ni siquiera durante la esa época en el 2020 de la que yo le hablo se suspendieron los comicios, así que haría falta algo más contundente, como tanques en la calle, para lograr tal objetivo. También se subraya que los votos de Ceuta apenas cuentan en la aritmética parlamentaria, y que para la mayor parte del país la crisis ceutí es un asunto lejano.
La tensión es palpable. Algunos advierten de que un paso así sería un acto tiránico que podría desencadenar una reacción social en cadena. Otros, en cambio, lo ven como un brindis al sol: la ley tiene mecanismos –moción de censura, negativa del rey a firmar decretos, huelga general– que harían inviable el plan.
¿Está todo calculado, o es más bien improvisación? Por ahora, Ceuta sigue al borde del colapso, con miles de migrantes en la frontera y un horizonte electoral que, según la teoría, podría no llegar nunca.