Ceuta: la defensa aguantó el envite, el contragolpe diplomático sigue en el banquillo
La crisis fronteriza en Ceuta deja una lección doble: la contención sobre el terreno funciona, pero el contraataque que exige responsabilidades a Marruecos no aparece. El CNI y el Ejército frenaron la entrada masiva y evitaron el escenario de 20 víctimas que algunos daban por inevitable con una respuesta armada. Entre tanto, las muertes por ahogamiento –en torno a un centenar según las versiones que circulan– se acumulan sin convertirse en arma diplomática.
Una defensa que aguanta sin red política
Nadie discute la solvencia táctica: la presión se contuvo sin un baño de sangre que habría dado a Mohamed VI la coartada perfecta para denunciar a España ante la comunidad internacional. Pero el éxito sobre el terreno no se ha trasladado a la mesa de negociación. Cada día sin respuesta contundente, sin llamada a consultas del embajador marroquí y sin sanciones desde la UE, la posición española pierde fuelle.
El contraataque más citado, menos ejecutado
Hay un catálogo de palancas que ningún partido –tampoco PP y Vox, más cómodos en la tribuna que en los despachos– ha asumido: usar el Sáhara, el Rif, la dependencia comercial o la cooperación judicial para presionar al régimen alauí. Los críticos sostienen que el Ejecutivo se limita a gestos y deja pasar la oportunidad de convertir una crisis humanitaria en un problema de imagen para el vecino del sur.
El contraste entre la eficacia defensiva y la parálisis exterior deja una pregunta incómoda: si la defensa cerrojo funciona, ¿por qué la estrategia política sigue en modo reactivo? Con la UE y la OTAN mirando hacia otro lado, la respuesta española se queda en la mitad del camino: nadie puede negar que la verja aguanta, pero el pulso a Marruecos sigue sin empezar.