Camiseta HH: del «nazi» callejero al alquiler imposible
Llevar una camiseta de Helly Hansen ya no es un detalle de vestuario: en plena calle, una joven preguntó directamente a un viandante si era nazi. El incidente, contado en primera persona, se reparte entre el sarcasmo y la perplejidad. Pero el asunto de fondo no va de moda, va de rentas.
Quienes defienden a la marca recuerdan que es una firma noruega de ropa técnica, sin más. Otros señalan que la sospecha lleva tiempo instalada alrededor de sus siglas, aunque no haya nada objetivable detrás. La conversación se va por la tangente cuando alguien saca la precariedad a escena: 375 euros al mes, una cifra que en el relato se asocia directamente con pagar la renta.
La pregunta sobre la ideología probablemente no era ni siquiera una pregunta. Podía ser un anzuelo, una broma o la primera frase de una petición. Lo que queda al aire es una generación que convierte cualquier encuentro fortuito en una escena de supervivencia económica.
Con esa mezcla de hipersensibilidad por los símbolos y rentas que se comen la nómina, el siguiente choque no será en la calle por una camiseta. Será ante el contrato de alquiler.