Nvidia, OpenAI y el truco contable de los 500.000 millones
Hay 11.000 centros de datos operando en el planeta y apenas se habla de ellos. La cifra aparece en los mapas de infraestructura crítica, pero no en los titulares. Hasta que la factura llega. No solo la eléctrica: la financiera. El último movimiento de Nvidia para apuntalar a OpenAI ha puesto nombre a lo que muchos llevan meses denunciando: financiación circular.
El agujero energético que nadie quiere cuantificar
Los números del consumo son difíciles de digerir. Un centro de datos en Cantabria habría requerido tanta electricidad como el resto de la comunidad autónoma y la idea se aparcó. A escala global, los 11.000 centros consumirían alrededor de un tercio de la electricidad de las empresas del mundo. Y la demanda real de IA por chat, según los cálculos más afinados, se mueve en un rango de 350 megavatios a 1 gigavatio para toda la inferencia del planeta. Los cuatro grandes (Amazon, Google, Microsoft y Meta) planean construir capacidad para 50 veces más. No es un misterio, es una apuesta.
Financiación circular: Nvidia avala a OpenAI para pagar a Nvidia
Bloomberg destapó el mecanismo: Nvidia está en conversaciones para proporcionar hasta 250.000 millones de dólares en garantías de financiación a OpenAI. ¿Para qué? Para que OpenAI pueda alquilar capacidad de computación en el macro centro de datos de Ohio, un proyecto de 10 gigavatios y 500.000 millones liderado por SoftBank. O sea: el fabricante de chips avala a su principal cliente para que este le compre chips a él. La deuda se genera, circula y vuelve al punto de partida. Funciona mientras todos sigan el juego.
La burbuja con sabor a 2008
Hay quien lo compara con la burbuja financiera de 2002-2007: tipos de interés bajos, dinero barato y una convicción irracional en que los precios seguirán subiendo. Solo que esta vez el colateral no son hipotecas subprime, sino deuda garantizada por empresas que se la pagan entre ellas. Los escépticos hablan de burbuja demasiado grande para caer y de un establishment con armas financieras nunca vistas. Los reguladores empiezan a moverse: el británico Ofgem ya cobra entre 237.500 y 712.500 libras por megavatio para frenar proyectos especulativos. Mal asunto si la bola es de 500.000 millones.
El contrapeso que desinfla la burbuja
Mientras Estados Unidos apila deuda, China juega en otra liga. DeepSeek lanza un modelo 100 veces más barato que el buque insignia de Anthropic, Kimi K3 golpea a las IA estadounidenses y las empresas indias se pasan a los modelos chinos de código abierto: 95% del valor por 10% del coste. Para colmo, las redes neuronales de picos (SNN) prometen reducir el consumo de los LLM en dos órdenes de magnitud, y el hardware local avanza para llevar IA potente al bolsillo. Ni siquiera el Pentágono se queda fuera, con su programa DARPA para coordinar 100.000 agentes de IA. Si la eficiencia mejora a este ritmo, ¿para qué demonios se construye capacidad para 50 veces la demanda?
Con la deuda circular, la carrera geopolítica y la eficiencia energética apretando a la vez, la pregunta incómoda es quién se queda con la factura. El cálculo de los optimistas dice que la IA pagará con creces la energía consumida. El de los escépticos, que cuando la música pare, el último que haya firmado la garantía será el que sostenga el megavatio. ¿Y si ambas cosas son ciertas a la vez?