Cazapensiones: el estigma económico de las madres solteras en las apps de citas
¿Qué demonios es una "cazapensiones"? El término ha resurgido en conversaciones digitales para etiquetar a mujeres que, según la lógica más cínica, buscan pareja como si fuera un plan de pensiones. Cuatro hijos, tres padres distintos, y un perfil que provoca comentarios como "el que se la quede pierde... Menuda ruina".
Detrás del chiste fácil hay un fondo económico incómodo. Criar cuatro hijos en España cuesta, según estimaciones recientes, entre 2.000 y 3.000 euros al mes. Una madre sola, con trabajo precario o parcial, difícilmente llega. La sospecha de que busca a alguien que "pagapensiones" no oculta la realidad: el coste de los hijos es tan alto que la pareja se convierte en una necesidad financiera más que emocional.
El doble rasero del mercado de citas
Un hombre con cuatro hijos es un padre entregado; una mujer con cuatro hijos es una cazapensiones. El discurso público disculpa al primero mientras ridiculiza a la segunda. Las aplicaciones de citas están llenas de filtros implícitos: el número de hijos es el primero que se mira. "Aquí para una hora la aceptamos casi todos", ironizaban en redes, apuntando a la hipocresía de quienes luego exigen compromiso sin querer asumir la factura.
La etiqueta de cazapensiones tiene además un sesgo de género evidente. Los mismos que critican a ella son capaces de aceptar que un hombre busque una mujer que le cuide la casa o le ayude con la hipoteca. Pero cuando ella lo hace abiertamente, se convierte en cazadora.
La ruina que nadie quiere
El cálculo es frío: cuatro hijos suponen una mochila financiera que pocos están dispuestos a cargar. La renta media en España no da para más de dos. Las ayudas públicas son insuficientes y el mercado laboral castiga a las madres. Así que la mujer que busca pareja con esa carga no es una depredadora, sino alguien que intenta no ahogarse. El que se la queda, dice el refrán popular, pierde. Pero ella ya perdió antes, cuando el sistema decidió que criar hijos sola no es rentable.
Al final, el término cazapensiones no cuenta la historia de una estafadora, sino la de un Estado que deja a las madres sin red y convierte el amor en una negociación de supervivencia. Los que se ríen quizá no se han dado cuenta de que, sin ellas, el sistema de pensiones del futuro se viene abajo. Pero eso ya es otro chiste.