Cayetana Álvarez de Toledo y la cruda realidad de la geopolítica venezolana
Cuando una fruta del PP con apellido de alcurnia, escaño en el Congreso y acceso a los círculos de poder se entera por la tele de que el mundo no funciona como ella creía, algo chirría. La marquesa, culta y de 51 años, tuvo que digerir en directo que la Casa Blanca de Trump no va a poner a María Corina Machado a presidir Venezuela, sino a quien convenga al negocio petrolero y a los equilibrios con el chavismo residual.
El momento es la comidilla del análisis político: en una entrevista, Trump mencionó a Corina de pasada —como si repitiera una nota de Intelligence— y dejó claro que EE.UU. pondrá al títere que mejor encaje. Delcy, la número dos de Maduro, ya propuso a ZP como negociador. La reacción de Álvarez de Toledo fue mezcla de sorpresa y retórica de tabloide: "Trump ha repetido lo que le dijeron en las reuniones", se justificó. Pero el dato es que la oligarquía venezolana en el exilio, incluida Corina, apoyó a Kamala Harris. Y eso, en el nuevo orden trumpista, se paga con el destierro de la foto.
¿Qué hay detrás de la comedia de la transición?
El hilo de fondo es la operación de cambio de régimen sin guerra civil. Se repite el patrón de otras intervenciones: primero se desmonta el chiringuito chavista con sobornos y presión, luego se impone un interlocutor aceptable para los militares y las empresas estadounidenses. Que Corina sea la elegida democráticamente es secundario. La economía pesa: Venezuela tiene el crudo que EE.UU. necesita sin depender de Medio Oriente. Y ahí, la señora con cuello de jirafa representa exactamente lo que Trump no quiere: un globalista que pone la libertad por delante del negocio.
El papel de ZP y la traición de las élites
La propuesta de Delcy de sentar a ZP como mediador no es casual. El expresidente español es el lobbista perfecto: enchufado en China, con contactos en el chavismo y con el perfil de quien antepone la transacción a la ideología. Mientras, los opinadores del foro desmenuzan cómo la "culta" Cayetana ni siquiera vio venir que su propio partido, el PP, había apostado por Biden. La conclusión es que la derecha española, atrapada entre el trumpismo y el establishment, va a tener que elegir bando.
El problema de las élites empoderadas de boquilla es que pierden el sentido de la realidad. Cuando gobernar implica ensuciarse las manos con petróleo, militares y guerras civiles, el discurso de las urnas suena a naftalina. Y la marquesa, que quería pasearse en descapotable sonriendo, se ha llevado un golpe de realidad que ni Oxford ni el apellido Guell pueden amortiguar.
Los números que no cuadran
No hay cifras en este debate, pero sí hechos: tres ofertas de compra de Cuba por parte de EE.UU. a lo largo de la historia, una guerra provocada para quedarse con las colonias, y ahora el mismo modus operandi con Venezuela. La diferencia es que Trump lo dice en público, sin pudor. Y eso, a los que creían que la democracia era el valor supremo, les sienta como un guantánamo sarracena.
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