Un streamer francés muere tras años de vejaciones retransmitidas en directo
Un hombre de unos cuarenta años, con problemas psíquicos, que vivía con su madre y sin recursos, abrió un canal en la plataforma de streaming Kick. Al principio no tenía apenas audiencia, hasta que unos jóvenes que se unieron a sus emisiones empezaron a gastarle bromas en vivo y el canal despegó. Cuando empezó a ganar algo de dinero, le convencieron para que se fuera a vivir con ellos. Ahí comenzó su infierno: cada día, en directo, le pegaban, le humillaban y se reían de él, mientras le repetían que eran sus únicos amigos. La plataforma y las autoridades francesas, según los relatos que circulan, no intervinieron pese a las denuncias de varios espectadores. Tras diez días sin dormir en emisión y con sustancias de por medio, ingresó en el hospital en estado grave y falleció poco después.
Qué se sabe del caso y de las torturas retransmitidas
El caso, conocido por el apodo del fallecido, Jean Pormanove, ha generado una oleada de rechazo. Los clips que circulan muestran vejaciones continuadas: desde despertarlo a la fuerza con métodos vejatorios durante maratones de emisión de diez días, hasta meterlo en el maletero de un coche y conducir a propósito a 80 km/h sobre badenes. En uno de los episodios, a otro hombre con una discapacidad psíquica mayor, conocido como Coudoux, le habrían engañado diciéndole que le pagarían una prostituta; al llevarlo al sitio, según esos relatos, le ataron a una cama, le desnudaron y le obligaron a practicar una felación a uno de los presentes, que lo presentaron como una forma de «educarlo». Fuentes citadas en redes sostienen que este segundo hombre estaría retenido para impedir que hable. La familia de uno de los señalados ha defendido que todo era actuado, que no hubo violencia real y que hacían «cine». La investigación sigue abierta y ninguna de estas acusaciones ha sido confirmada judicialmente.
Por qué nadie paró un canal con medio millón de suscriptores
La pregunta que sobrevuela el caso es cómo pudo mantenerse durante años una emisión de este tipo en una plataforma con cientos de miles de seguidores. Kick se ha convertido en refugio de creadores expulsados de otras plataformas por saltarse las normas, y su modelo de negocio se apoya en donaciones de la audiencia. Hay quien sostiene que el problema no es solo la plataforma: sin espectadores dispuestos a pagar por ver sufrir a alguien, el negocio no existe. Otros apuntan a la pasividad de las autoridades francesas ante las denuncias presentadas. Y una tercera línea, más incómoda, señala que el caso encaja en un patrón más amplio de entretenimiento basado en la humillación de personas vulnerables, con precedentes en España.
El precedente español: Simón y los gemelos
En España, el fenómeno tiene nombres propios. Varios mensajes mencionan a Simón, un streamer con sobrepeso que se ha convertido en objeto de burla recurrente en directo, y a los hermanos conocidos como «Zona Gemelos», que se ríen de personas con discapacidad en sus emisiones. La comparación no es gratuita: el mismo público que consume estos contenidos es el que después se escandaliza en abstracto. La diferencia, por ahora, es que en el caso francés el desenlace ha sido fatal. La pregunta que queda en el aire es si aquí hará falta llegar al mismo punto para que alguien actúe.
El dato que descoloca no es la crueldad, que ya estaba en los clips. Es que el canal llevaba años emitiendo con cientos de miles de suscriptores y nadie con capacidad de cerrarlo movió un dedo.