Casillas reclama 3,7 millones al Oporto por su infarto: ¿exceso de ejercicio o coartada económica?
Iker Casillas, el portero que ganó títulos sin apenas sudar la camiseta en sus últimos años, ahora alega que el infarto que sufrió en 2019 fue por entrenar demasiado. Y reclama 3,7 millones de euros a su ex club. El exportero compareció ante el Palacio de la Justicia de Oporto para pedir una indemnización por incapacidad laboral, asegurando que el exceso de actividad física durante un entrenamiento le provocó el infarto de mayo de 2019.
La versión del exfutbolista choca frontalmente con la del doctor Nelson Puga, entonces médico del Porto, quien sostenía que Casillas se recuperaría totalmente y podría seguir jugando. El litigio, presentado siete años después del suceso, levanta sospechas sobre su oportunidad y fundamento. La demora hace que resulte casi imposible realizar estudios fiables que respalden la tesis del deportista, como apuntan algunos análisis.
A esto se suman las críticas a la gestión personal del exportero. La imagen pública de Casillas, alimentada por filtraciones como el audio de Florentino Pérez tachándolo de «corto», no juega a su favor. Muchos ven en esta demanda un intento desesperado de mantener un tren de vida elevado, apuntando a que el mito del fútbol español podría estar en dificultades económicas.
Un precedente peligroso para los clubes
El caso abre un debate incómodo. Si un deportista de élite logra demostrar que su infarto fue consecuencia directa de la actividad laboral, sentaría un precedente con implicaciones millonarias para los clubes. ¿Dónde está el límite entre el riesgo asumido voluntariamente y la responsabilidad patronal? La justicia portuguesa tiene la palabra.
La pregunta es: ¿hasta qué punto un deportista de élite puede probar que su infarto fue «laboral»? Y si lo logra, ¿abre la puerta a una nueva oleada de reclamaciones entre exfutbolistas?
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