Casas de paja: el metro a 200€ que nadie firma
Una casa de 60 metros cuadrados levantada con balas de paja por 11.000 euros. Ese es el número que dispara la discusión: a 200 euros el metro cuadrado, frente a los 1.300 euros que suele costar la obra convencional. La paja se coloca sobre un zócalo de obra de unos 40 centímetros para aislarla de la humedad, se revoca por dentro y por fuera y el tejado se prolonga para alejar el agua. Con esas precauciones, el muro aguanta. El problema es todo lo demás.
Qué entra en esos 11.000 euros y qué no
El desglose es la primera grieta. En el cálculo más optimista solo entran los muros: las balas, que pueden costar entre 4 y 10 euros cada una, y la mano de obra de amigos y voluntarios que trabajan gratis para aprender. Una casa pequeña consume unas 100 balas; una vivienda mayor, 700. Ahí se acaba el ahorro.
Falta la cimentación, el forjado sanitario, la electricidad, la fontanería, las acometidas, la cubierta, las ventanas, las puertas y las licencias municipales. Un cálculo que circula en la discusión cifra en 11.000 euros solo el arquitecto y el aparejador, «si no más». La conclusión de quien ha visitado una casa de paja en Irlanda es tajante: una construcción no tradicional sale más cara que una convencional de calidades análogas.
¿Arde una casa de paja?
El argumento más repetido contra este sistema es el fuego. La respuesta técnica es que la paja va revocada por ambas caras y sin oxígeno suficiente no prende. El riesgo real está antes: si las pacas se empacan húmedas, fermentan, cogen temperatura y pueden autoincendiarse. La producción de calor empieza a los dos o tres días del empacado por la respiración de las células vegetales y alcanza un segundo pico entre los 5 y los 20 días por la acción de bacterias, hongos y levaduras. Comprar paja seca no es un detalle, es la diferencia entre un muro y una tea.
El zócalo, el revoco y el ala del tejado
La humedad es el enemigo declarado. La solución que se repite: levantar un murillo de obra de unos 40 centímetros sobre la cimentación y colocar las balas encima, nunca a ras de suelo. Revocar todas las caras con yeso y proyectar un ala ancha de tejado que evacue el agua lejos del muro. Quien haya visto construcciones de tapial reconoce el patrón: tierra compactada, zócalo, alero generoso.
La comparación con el adobe aparece pronto. El adobe es más barato si hay tierra a mano, pero se trabaja con saquitos que hay que llenar y portear uno a uno. Con paja, las paredes de una casa pequeña se levantan en un solo día.
El coste real del ladrillo
La defensa del sistema tradicional también tiene números. Un metro cuadrado de ladrillo de 33x15 consume unos 15 ladrillos a 10 céntimos, metro y medio de material; un metro cúbico de arena a 12 euros y tres sacos de cemento a 13 euros dan para unos 60 metros cuadrados de muro. No arde, no se pudre y no se desmenuza. El contraargumento es que ese cálculo solo mide el muro, no la vivienda terminada, y que la paja tampoco se desmenuza si va revocada.
La discusión derivó hacia el contenedor marítimo: 12 metros por 3, 1.200 euros, dos o tres unidos con pladur aislado por dentro y piedra o madera del terreno por fuera. Y hacia la piedra propia, ilimitada pero lenta: «en lo que pones una piedra otros han puesto 10 bloques».
El obstáculo que nadie discute es administrativo. Un proyecto firmado por arquitecto, aparejador si se quiere legal, licencia municipal y la venta posterior sujeta al ayuntamiento de turno. Hay quien sostiene que con arquitectos en paro el proyecto cuesta poco; hay quien recuerda que un accidente grave en una obra sin medidas de seguridad acaba con los responsables empurados.
La predicción, con reservas: mientras el metro de obra nueva siga en tres cifras y la administración no simplifique licencias, la casa de paja seguirá siendo un experimento de nicho. No por la paja. Por el papeleo.