La soledad de la tercera edad se vende en casas rurales
¿Es la nueva moda de vídeos para adultos con personas mayores una liberación sexual tardía o un negocio que juega con la desesperación? Las imágenes de una casa rural donde desconocidos de edad avanzada se reúnen para grabar contenido 'mature premium' han generado reacciones viscerales. Entre el rechazo y la burla, surge una pregunta incómoda: qué empuja a alguien a buscar esa intimidad filmada con extraños.
Las alternativas tradicionales para socializar en la vejez –senderismo, bailes de salón, partidas de mus– parecen no competir con esta oferta que algunos califican de «bacanal en el Imserso». Sin embargo, el dato que sobrevuela es la disponibilidad de aplicaciones como Tinder, donde los mayores pueden encontrar parejas más jóvenes, lo que contrasta con la necesidad de recurrir a producciones organizadas. «Lo peor es que se abren Tinder y tienen veinteañeros para elegir, lamentable época», resume una corriente crítica que ve en estas producciones un retroceso.
La ironía no falta en el debate: mientras unos se horrorizan, otros señalan que, al final, el vídeo muestra a mujeres que podrían ser hijas de las protagonistas, sugiriendo una brecha generacional incómoda. Pero más allá del morbo, el fenómeno revela un vacío: la dificultad para aceptar la sexualidad en la tercera edad fuera del circuito comercial.
Que en pleno 2025 haya que organizar quedadas para grabar encuentros entre desconocidos jubilados dice más del tabú social que de la iniciativa privada. El negocio existe porque la oferta de espacios seguros para la intimidad tardía sigue siendo, como dicen, «pena». Y la demanda, por callada que sea, no deja de escalar.
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