Aida Nizar, la carterista búlgara y el negocio de la victimización
Un robo en la calle suele ser un mal negocio. Excepto cuando la víctima es un rostro conocido de la televisión y la policía tarda diez minutos en llegar. Es lo que ha pasado con Aida Nizar, colaboradora habitual de Telecinco, a la que una mujer de origen búlgaro intentó meter la mano en el bolso en plena vía pública, según la versión que circula desde hace unas horas.
La respuesta policial, señalada
El incidente tuvo un epílogo en comisaría. Los agentes aparecieron diez minutos después de la llamada, y todavía tuvieron tiempo de recriminar a la víctima que calificara a la presunta ladrona de delincuente. Si el relato es exacto, el ciudadano no solo se tiene que defender solo en la calle, sino que además recibe un rapapolvo por nombrar lo que todos vieron.
Del suceso al plató
La parte más inquietante no es el posible montaje —algunos observadores no descartan que la escena fuera pactada—, sino la previsible monetización del incidente. En el circuito mediático español, un robo con nombre propio equivale a giras por los platós, tertulias y entrevistas; la estimación más repetida habla de doce apariciones y medio año de ingresos asegurados. La víctima se convierte en producto, y el delito, en contenido.
El debate público, mientras tanto, derrapa hacia el aspecto físico de la afectada y otras lindezas que dicen más del estado de la conversación digital que del propio robo.
Queda una pregunta incómoda: ¿cuánto vale hoy un susto en la calle si tienes una cuenta en redes y un buen representante?