El consejo de la mejor nota PAU que nadie debería seguir
«Si has trabajado, por muy mal que creas que vas, te irá bien en los exámenes». Con esa frase, Carmen García, la estudiante cordobesa que logró un 13,975 sobre 14 en la Selectividad de 2022, pretendía dar un consejo a los futuros examinados. Sin embargo, el análisis de su recomendación revela un problema de fondo: el mensaje oficial de la PAU como prueba de esfuerzo choca con la realidad de un sistema que mide más la memoria que la capacidad analítica.
Un consejo genérico frente a estrategias reales
El consejo de García —organización y no darse un atracón de estudio— es bienintencionado pero vacío. Quienes han examinado a fondo la selectividad señalan tácticas mucho más efectivas: practicar con exámenes de años anteriores disponibles gratis en internet, empadronarse en comunidades autónomas donde las pruebas son más asequibles (como ciertas zonas de Extremadura o Andalucía), o incluso cursar una FP superior de alto rendimiento para acceder directamente a la fase específica. Mientras tanto, la prensa local monta portadas con la «nueva Einstein» cuando su elección de carrera —doble grado de Traducción y Relaciones Internacionales en la Pablo Olavide— no es precisamente la ruta de alto retorno económico.
El precio de la imagen en el mérito académico
La cobertura mediática se centró en el físico de la estudiante, desviando la atención de lo que realmente importa: la selectividad como filtro burocrático que premia la memorización, no el pensamiento crítico. Con una nota que le habría abierto las puertas de Medicina o Ingeniería, García optó por letras puras, lo que algunos analistas consideran un desaprovechamiento estratégico. La paradoja es evidente: se presenta como modelo de esfuerzo, pero su trayectoria refleja más bien el conformismo de quien, pudiendo elegir carreras con alta empleabilidad, se decanta por las que tienen salidas inciertas.
El debate deja en el aire una pregunta: si el sistema de acceso a la universidad es tan perfecto como se vende, ¿por qué los consejos prácticos —cambiar de comunidad, usar trucos de examen— son tan superiores a las palabras de ánimo oficiales? La respuesta, probablemente, es que no lo es.
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