Paliza a dos médicos en Oviedo: dos relatos y un «son chavales»
Dos médicos acabaron magullados en una calle de Oviedo tras un enfrentamiento con un grupo de jóvenes. Hasta ahí, el hecho. Todo lo demás —quién empezó, por qué, con qué intención— es un campo de batalla donde cada bando coloca su versión sin ceder un milímetro. Los relatos difundidos hablan de insultos, de gritos de «Arriba España» y de simbología LGTBI en la ropa de los agredidos. La secuencia exacta no ha quedado fijada de forma incontestable, y eso es justo lo que alimenta el choque.
Qué se sabe de la agresión en Oviedo
Las primeras informaciones apuntan a que la agresión se produjo al grito de «Arriba España» y de consignas contra la izquierda, y que el detonante habría sido la simbología LGTBI que llevaban las dos víctimas. Los dos agredidos ejercen la medicina y militan en la izquierda según los relatos publicados. Medios como moncloa.com y huffingtonpost.es se hicieron eco del suceso, que saltó a televisión en cuestión de horas.
Sobre el terreno, la versión no es única. Hay quien sostiene que fue una reyerta callejera entre desconocidos; hay quien describe una cacería con banderas. La diferencia no es menor: cambia quién es víctima y quién es agresor.
El «son chavales» del alcalde y el reproche de Vox
El alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli, del PP, calificó a los agresores con una frase que se ha convertido en el símbolo de la polémica: «Son chavales, no creo que sean mala gente». La tibieza institucional, en una ciudad donde gobierna la derecha, se ha leído como un mensaje en sí mismo.
Desde Vox, la portavoz en el Congreso, Pepa Millán, atribuyó la violencia nazi a Sánchez. La jugada es vieja: cualquier agresión de ultraderecha se traduce en un ataque al Gobierno. Que el argumento se repita no lo vuelve más sólido, pero sí más rentable para la trinchera.
El contra-relato: las víctimas como provocadoras
En redes circula una versión opuesta que gana terreno entre cuentas afines a la extrema derecha. Sostiene que los dos médicos estaban ebrios, que increparon a un chaval con una pulsera de España, que intentaron quitársela y que sus amigos salieron en su defensa. En consecuencia, los agredidos exagerarían los golpes y protagonizarían una gira televisiva.
Nada de esto está probado. Se presenta como la otra campana y como tal se difunde, sin más respaldo que el boca a boca. Quienes defienden ese relato citan precedentes de agresiones ultras que supuestamente resultaron falsas, para insinuar un patrón. La carga de la prueba, en ese intercambio, brilla por su ausencia.
La Santina Queer y el clima previo en Asturias
El suceso no llega a un terreno virgen. Desde 2025, la organización AMA lleva a las movilizaciones feministas asturianas una versión alternativa de la Virgen de Covadonga, la «Santina Queer», como reivindicación de una tierra diversa y libre de LGTBIfobia. La Hermandad de los Estudiantes de Oviedo presentó una denuncia y Abogados Cristianos se sumó a las acciones contra las organizadoras. El símbolo, en Asturias, ya era un campo minado antes de la paliza.
Cabe esperar que el asunto se instrumentalice en las dos direcciones: unos lo usarán para hablar de impunidad ultra, otros para hablar de víctimas que no lo serían. Lo que no se resolverá a golpe de tuit es qué ocurrió esa noche. Para eso hace falta instrucción judicial, y ahí las predicciones se vuelven cosa de adivinos.