Condenado a 2,5 años por contagiar el VIH a su novia de 14 en Gijón
La Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Asturias ha condenado a dos años y medio de prisión a un hombre de 23 años por transmitir el VIH a su pareja, una menor de 14, a quien ocultó que padecía la enfermedad. Los hechos se remontan a 2022, cuando la madre de la joven denunció en Gijón. Según la sentencia, el acusado mantuvo relaciones sexuales reiteradas sin preservativo y sin informar a la víctima de su estado serológico.
El agujero legal: ¿abuso sexual o contagio doloso?
La condena se centra en el contagio, pero el debate de fondo gira en torno a la edad de la víctima. En España, la edad de consentimiento sexual está fijada en 16 años desde 2015. Con 14, la joven no podía legalmente consentir, y sin embargo, no se ha calificado como abuso sexual. Diversos análisis señalan que la sentencia podría haber incluido un delito de pederastia, que elevaría la pena mínima a la de un delito contra la libertad sexual. La asimetría de poder – 23 años frente a 14 – agrava el contexto, pero el tribunal optó por aplicar el artículo que castiga la transmisión de enfermedades graves, con una horquilla de 3 meses a 3 años. La condena se queda en la parte baja.
Responsabilidades difusas: padres, sistema y negacionismo
Varias corrientes apuntan a la responsabilidad de los progenitores de la menor. ¿Cómo pudo una niña de 14 mantener una relación con un adulto drogodependiente sin control parental? La sentencia no recoge actuación alguna contra los padres, pero el perfil del acusado – VIH de transmisión vertical, abandono del tratamiento antirretroviral, consumo de cocaína y cannabis – sugiere un entorno de riesgo que debería haber sido detectado. Paralelamente, una minoría cuestiona la propia existencia del VIH como causa del sida, argumentando que el condenado llevaba 23 años sin medicación y sin desarrollar la enfermedad, lo que a su juicio desmonta el relato oficial. Este escepticismo, aunque marginal, alimenta la polémica en ciertos círculos.
El dato que descoloca: el acusado nació con VIH, transmitido por su madre, y nunca siguió tratamiento. A los 23 años, su carga viral sería indetectable sin fármacos – algo que contradice la narrativa dominante sobre la letalidad del virus. El caso queda abierto: la ley se aplicó por el contagio, pero el verdadero fallo, para muchos, está en no haber protegido a una niña de un entorno de abuso y negligencia.