Cara al Sol frente a Moncloa: el himno que vuelve a la calle
Imaginen la escena: un grupo de manifestantes, con licencia concedida, plantado ante la verja de Moncloa entonando el Cara al Sol. La imagen, discutida en ambientes políticos, divide entre quienes la ven como un ejercicio de libertad de expresión y quienes la consideran una provocación de mal gusto. Hay quien va más allá y propone llevar una orquesta, o convocarlo a las 8 para que no falte de nada.
El himno ligado al franquismo vuelve a ser así el centro de una polémica que mezcla memoria histórica y derecho de manifestación. Un sector sostiene que prohibirlo sería propio de una dictadura; otro responde que el canto no soluciona nada y que «los patriotas de pulserita» no dan para más. La ironía campa por sus fueros: lo mismo se sugiere convertir la protesta en un karaoke que llamar a concentrarse frente a la embajada de otro país. Las pullas alcanzan al PSOE y a la ultraderecha, cada uno con su propia versión de la libertad de expresión.
Lo más llamativo del intercambio no es el himno en sí, sino la facilidad con que una convocatoria hipotética se convierte en un test de lealtad política. Mientras unos hablan de «canto a la vida», otros ven un «canto a la gloria» y el debate se atasca en el barro de los insultos. A la espera de que alguien concrete si la licencia es real o una simple boutade, queda una certeza incómoda: el Cara al Sol sigue siendo, a día de hoy, un imán de crispación en España.