El pez binocular sale del anonimato profundo
A 710 metros bajo el Atlántico, un vehículo robótico grabó por primera vez a un pez binocular (Winteria telescopa) vivo y en movimiento. Hasta ahora, solo se conocía por ejemplares muertos arrastrados por redes. La expedición, un mes de navegación por la Megazona de Fractura y Transformación de Doldrums –una de las regiones menos cartografiadas del océano– filmó al animal usando el ROV SuBastian del Instituto Oceanográfico Schmidt.
Un habitante de las sombras con ojos de telescopio
El pez binocular debe su nombre a sus enormes ojos tubulares, adaptados a la penumbra abisal. Las imágenes muestran un cuerpo alargado y translúcido, con una cabeza bulbosa que alberga esos ojos orientados hacia arriba, listos para captar la silueta de presas recortadas contra la tenue luz superficial. Los científicos creen que se alimenta de pequeños crustáceos y medusas.
Lo que dice la ciencia y lo que no
El hallazgo es valioso porque permite observar el comportamiento natural del animal sin el estrés de ser capturado. Hasta hoy, apenas había registros de esta especie, que habita entre 200 y 1.000 metros de profundidad. La expedición forma parte de un esfuerzo por cartografiar ecosistemas desconocidos antes de que la minería submarina o el cambio climático los alteren para siempre.
Anécdota de cubierta
Entre los comentarios de la tripulación, no faltó quien bromeara sobre echar el pescado a la plancha con ajo y aceite. Pero el pez binocular, como la mayor parte de la fauna abisal, no soportaría la presión de una cocina doméstica. Su cuerpo gelatinoso simplemente se desharía. Mejor dejarlo donde está: a 710 metros, con sus telescopios mirando al cielo submarino.