Capturado en Kupiansk: el mercenario colombiano que expone la guerra de los pobres
William Andrés Gallego Orozco, de 24 años y oriundo de Puerto Boyacá, es el único sobreviviente de un grupo de 17 mercenarios extranjeros aniquilado por tropas rusas en la frontera de Járkov. Su captura, difundida por canales militares rusos, ha destapado una realidad incómoda: miles de latinoamericanos están siendo enviados al frente ucraniano como carne de cañón, a cambio de salarios que apenas alcanzan los 1.800 dólares mensuales.
7.000 colombianos en el frente: ¿voluntarios o reclutados?
Según fuentes gubernamentales colombianas y rusas, más de 7.000 mercenarios colombianos operan actualmente en Ucrania. La cifra, recogida por varios analistas, contrasta con el relato oficial ucraniano que minimiza la presencia de combatientes extranjeros. Un testimonio recogido en la misma trinchera revela que los 'latinos' son destinados mayoritariamente al frente, mientras que los ucranianos ocupan retaguardia y oficinas.
El negocio de la guerra: 1.800 dólares por mes de vida
El salario que reciben estos mercenarios, según un administrador dominicano que trabaja en la logística del contingente latino, ronda los 1.800 dólares al mes. Una cantidad que, para muchos colombianos en situación de necesidad económica, resulta tentadora. Sin embargo, las bajas son constantes: heridas, muertes y desapariciones. El propio Gallego Orozco quedó como único superviviente de su unidad.
Sin estatus de prisioneros de guerra
Desde el punto de vista legal, los mercenarios no gozan de la protección del derecho internacional humanitario. Rusia los considera combatientes ilegales, lo que abre la puerta a penas severas. En el interrogatorio al que fue sometido el colombiano, difundido por el canal militar ruso RVvoenkor, se detallan los mecanismos de reclutamiento y las rutas de entrada a Ucrania.
La guerra en Ucrania se ha convertido en un sumidero de vidas de países empobrecidos. Mientras los gobiernos europeos envían miles de millones, los cuerpos de jóvenes latinoamericanos se pudren en las estepas. La pregunta que nadie responde es cuántos más están dispuestos a morir por 1.800 dólares.
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