Canciones políticamente incorrectas: el canon que ya no canta
¿Sabía que «Hey Joe», el clásico de Jimi Hendrix, narra sin ambages un femicidio? «Joe dice que le va a disparar a su mujer, y le dispara», recordaba un comentario reciente. La canción, icono del rock, sobreviviría hoy en plataformas pero difícilmente sonaría en la radio matinal. El debate sobre la corrección política está reescribiendo la historia de la música popular: lo que ayer era un éxito de ventas, mañana puede ser retirado por su letra.
De Loquillo a Siniestro Total: el catálogo de la discordia
La lista de temas señalados es larga y variada. El propio Loquillo habría autocensurado una de sus canciones, originalmente vista como una historia de desamor pasional y hoy tachada de apología de la violencia de género. «Every Breath You Take» de The Police, un himno de los ochenta, es descrito ahora como una «canción de amor completamente obsesivo». Gary Low, estrella del pop ochentero, tiene temas que hoy serían considerados apología de la pedofilia. La banda vasca La Polla Records, con 13 álbumes, es mencionada por su canción «Delincuencia». Los Berrones, en bable, rozan la transfobia; Siniestro Total, la islamofobia y la turismofobia. Incluso el grupo humorístico Martes y Trece tendría hoy problemas por homofobia, y Los Bravos por discriminar al colectivo LGTBIQ+. El catálogo es tan extenso que abarca desde Manolo Escobar (machismo) hasta una canción de coña sobre una violación de «Un pingüino en mi ascensor».
El caso del himno universitario y la censura autoimpuesta
Una anécdota curiosa: el Gaudeamus Igitur, himno estudiantil con orígenes en el siglo XIII y adoptado por las universidades europeas, contiene una estrofa que hoy en día los coros omiten. La letra vivaz de antaño choca con la sensibilidad actual. No es un caso aislado. El cantautor Aute modificó una de sus canciones: en la versión original proponía cambiar a su pareja «por dos de quince», y en la posterior «por dos de veinte». La autocensura, voluntaria o inducida, se ha convertido en práctica común.
¿Dónde está el límite?
Hay quien defiende que estas canciones deben contextualizarse, no borrarse. Otros sostienen que ciertas letras son directamente dañinas y no merecen espacio en las listas actuales. «No hay valla tan alta que ellos no puedan saltar / Saben bien el camino que lleva a tu dulce hogar», cantaba un grupo sobre supuestas «hordas del este»; la canción, satírica contra los ricos, usa un estereotipo que de haberse dirigido a otro colectivo habría generado escándalo. El doble rasero también entra en juego.
El panorama es confuso. Lo que antes era sátira hoy es delito; lo que fue un juego, una agresión. Y mientras tanto, clásicos como «Enola Gay» de OMD o la favorita de David Koresh, líder de la secta de Waco, siguen sonando sin que nadie se rasgue las vestiduras. La pregunta queda abierta: ¿el canon musical se encoge o simplemente se pone al día?