EXTREME DERROITION
Más derroído que ayer pero menos que mañana
Os recuerdo que la comida…
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Un mensaje difundido en redes afirma que la comida donada al Banco de Alimentos acaba en manos de migrantes con coches de lujo. La entidad reparte alimentos a través de organizaciones homologadas y no entrega comida a particulares por su aspecto ni por el coche que conducen.
La campaña de recogida del Banco de Alimentos vuelve cada año a las puertas de los supermercados. Y cada año, junto a las bolsas de arroz y las latas de atún, aparece el mismo comentario: que lo donado acaba en manos de gente que no lo necesita. Esta vez circula un mensaje que lo resume en una frase: la comida iría a "invasores" y a personas gitanas con coches caros, y quien dona hace el ridículo.
El texto anima a no colaborar con la recogida y apoya el argumento en una publicación de X que compara tener un Mercedes con ir al Banco de Alimentos. La idea de fondo es que quien conduce un coche caro no puede necesitar comida gratis.
El razonamiento tiene un fallo de base. Un vehículo no es una nómina. Puede estar financiado, ser de un familiar, estar heredado o haberse comprado en un momento mejor y conservarse años después. Convertir la marca de un coche en un certificado de solvencia es tan rápido como poco fiable.
El Banco de Alimentos no entrega comida a quien llama a su puerta. Recoge excedentes y donaciones y los distribuye a entidades homologadas —comedores sociales, parroquias, asociaciones de barrio— que son las que atienden a las personas. Ese filtro intermedio es el que decide quién recibe.
La entidad tampoco reparte según el aspecto ni el vehículo de nadie. Trabaja con organizaciones que ya conocen a sus usuarios y que aplican sus propios criterios. Un mensaje que pide no donar por lo que alguien vio en un aparcamiento ignora por completo esa cadena.
El efecto práctico de estos mensajes no recae sobre quien supuestamente abusa, sino sobre quien sí necesita esa bolsa de comida. Menos donaciones significa menos stock en los almacenes y menos reparto en los comedores.
La campaña depende de la generosidad puntual de miles de personas en la caja del supermercado. Un bulo que desanima a una parte de ellas se traduce en estanterías más vacías. Y eso ocurre sin que nadie haya comprobado una sola de las acusaciones.
La acusación de que los alimentos donados van a quien no los merece no es nueva. Reaparece cada vez que una campaña de recogida gana visibilidad, casi siempre sin más prueba que una anécdota.
Desmontarla no requiere un informe: basta con mirar cómo se reparte la comida. El Banco de Alimentos es un intermediario entre donantes y entidades sociales, no un mostrador que sirve a quien aparque en la puerta. Si alguien quiere verificar el destino de su donación, puede consultar la memoria anual de la entidad o preguntar a la organización local que la recibe.
Tenéis un buen Mercedes para ir al banco de alimentos o sois españoles pic.twitter.com/9gEesioQkV
— pigdemont Ver publicación en X
Os recuerdo que la comida…