Cambrils deja crecer el mercadillo ilegal en su paseo marítimo
El tramo de paseo marítimo que une Cambrils y Salou se ha convertido este verano en un mercadillo al aire libre de medio kilómetro. Decenas de vendedores despliegan mantas con camisetas de fútbol, gorras y zapatillas supuestamente falsificadas desde que la playa se llena hasta la medianoche, según la información publicada el 23 de agosto de 2024. En el lado de Cambrils, ni la Policía Local ni los Mossos d'Esquadra intervienen. En el lado de Salou, la policía local sí ha ejecutado operaciones contra esta venta, con cientos de productos retirados en la zona de Pineda.
La escena se repite cada jornada. Los vendedores ocupan el mismo sitio, se protegen del sol con paraguas y se iluminan con luces a pilas al caer la noche. Hay quien reparte comida y bebida entre ellos, lo que sugiere una organización que no es improvisada. La frontera entre los dos municipios se hace visible de un modo llamativo: basta con ver dónde empieza y dónde acaba la columna de mantas. El mismo producto, la misma playa llena, dos policías locales con criterios opuestos.
Qué dice la norma y qué pasa en la calle
La venta ambulante sin licencia es ilegal. También lo es la venta de falsificaciones, que daña a las marcas y a los comercios de la zona. En Cambrils hay incluso un cartel que anuncia sanciones a los compradores. En la práctica, el cartel no ha evitado nada: el mercadillo ocupa casi medio kilómetro del término municipal. La contradicción entre la norma escrita y la calle es el corazón del asunto.
Hay quien sostiene que el problema se resolvería atacando la raíz: los almacenes y pisos que sirven de distribución en zonas cercanas, como Reus, y la entrada de material falsificado en el país. La Policía Nacional realizó antes del verano una operación contra la falsificación con detenciones y toneladas de material intervenido. Las mantas siguen llenas. Mossos y Guardia Civil mantienen investigaciones abiertas, según las informaciones publicadas, sin resultados visibles por ahora.
El doble rasero que denuncian los comerciantes
El contraste más repetido es el del vendedor legal. Un artesano que paga su tasa municipal, monta su parada y muestra los papeles cuando pasa la policía local ve, a cien metros, decenas de mantas sin licencia ni sanción. La tasa puede rondar los 400 euros por una parada en el paseo, según el caso que circula en la conversación. El resultado, dicen, es que el que cumple paga dos veces: en impuestos y en competencia desleal.
La comparación se extiende a otros puntos de la costa y del interior. En Ribadesella, en Sanfermines o en Calafell se describen situaciones parecidas: la venta ambulante irregular ocupa espacio público mientras la policía local se ocupa de otras cosas. La queja no es solo económica. Es de convivencia: aceras, paseos y plazas que dejan de ser lo que eran.
La sombra de 2015 y el miedo a intervenir
El año que viene hará diez años de la muerte de un vendedor, Mor Sylla, tras precipitarse desde un balcón en Salou durante una operación policial. Aquello derivó en graves incidentes de orden público en agosto de 2015, con antidisturbios desplegados durante horas. Ese episodio pesa en cualquier decisión operativa que se tome en la zona, aunque nadie lo diga en voz alta.
Fuentes policiales admiten que la guerra contra esta venta solo se gana con fuerza policial o con investigaciones que corten la distribución. Hace pocos días, la Guardia Civil tuvo que replegarse tras intentar un dispositivo en un piso almacén y necesitó apoyo de los Mossos para proteger el cuartel de Salou. El episodio da la medida del problema.
Con este panorama, lo previsible es que el mercadillo siga donde está mientras no cambie la orden política o la presión comercial. Si Salou mantiene la intervención y Cambrils no, la frontera seguirá siendo el mejor mapa del criterio municipal. Y el turista que da el paseo, la única inspección que verá.