EL DINERO, O LA CIRCULACION DE MERCANCIAS
1. Medida de valores
Para simplificar, en esta obra partimos siempre del supuesto de que la mercancía—dinero es el oro.
La función primordial del oro consiste en suministrar al mundo de las mercancías el material de su expresión de valor, en repre¬sentar los valores de las mercancías como magnitudes de nombre igual cualitativamente iguales y cuantitativamente comparables entre sí. El oro funciona aquí como medida general de valores, y esta función es la que convierte al oro en mercancía equivalencial espe¬cífica, en dinero.
No es el dinero el que hace que las mercancías sean conmensurables, sino al revés: por ser todas las mercancías, consideradas como valores, trabajo humano materializado, y por tanto conmensurables de por sí, es por lo que todos sus valores pueden medirse en la misma mercancía específica y ésta convertirse en su medida común de valor, o sea en dinero. El dinero, como medida de valores, es la forma o manifestación necesaria de la medida inmanente de valor de las mercancías: el tiempo de trabajo.1
La expresión del valor de una mercancía en oro (x mercancía A = z mercancía dinero) es su forma dinero, o su precio. Ahora, basta una sencilla ecuación, v. gr., 1 tonelada hierro = 2 onzas oro, para expresar en términos sociales el valor del hierro. Esta ecuación no necesita ya alinearse con las expresiones de valor de las demás mercancías, pues la mercancía que funciona como equivalente, el oro, tiene ahora carácter de dinero. La forma relativa general de valor de las mercancías vuelve, pues, a presentar la fisonomía de su forma de valor primitiva, simple o concreta. De otra parte, la expresión relativa de valor desarrollada o la serie infinita de expresiones rela¬tivas de valor se convierte en forma específicamente relativa de valor de la mercancía dinero. Pero ahora, esa serie va ya implícita social¬mente en los precios de las mercancías. No hay más que leer al revés las cotizaciones de un boletín de precios, y encontraremos la magnitud del valor del dinero representada en las más diversas mercancías. En cambio, el dinero no tiene precio, pues para poder compartir esta forma relativa de valor que reduce a unidad todas las demás mercan¬cías, tendría que referirse a si mismo como a su propio equivalente.