Vidas de postal: ¿cambiarías tu vida por la de un filipino en las fotos?
¿Cambiarías tu vida por la de una persona de la que solo conoces unas fotos? La pregunta se lanzó en una conversación digital y la respuesta fue casi unánime: no, gracias. Las imágenes de un filipino con una vida aparentemente envidiable provocaron el rechazo inmediato de la mayoría. El argumento de fondo no es la envidia. Es la sospecha de estar ante puro postureo.
El sí solitario que no sobrevivió a las fotos
La primera reacción fue un sí rotundo. Duró lo que tarda en escribirse el siguiente mensaje. Ver las fotos con calma, dudar de lo que representan y preguntarse si aquello es vida real o escaparate fue suficiente para que el entusiasmo inicial se desplomara. Una corriente escéptica tomó la palabra: no se cambia un sofá, una cuenta corriente —aunque quede poco en ella— y la tranquilidad mental por una feria de vanidades. La cuenta salía clara.
Quien vende el cambio de vida no cambia nada
El remate llegó con una observación afilada: el que vende el cambio de vida suele ser el primero que no cambia nada. Esa es la lección que queda. Las vidas perfectas que circulan en redes son un producto, no una realidad. Y cuando alguien pregunta si cambiarías lo tuyo por lo que otro solo aparenta, el escepticismo es la única respuesta racional.
Así que, ¿cambiarías tu vida por la de ese filipino? Si la respuesta es no, estás en buena compañía: la de quienes prefieren sus problemas reales a los paraísos ajenos de mentira.