Calentador eléctrico instantáneo: el coste oculto de la potencia
Hace más de 16 años, un inquilino con un calentador de butano en las últimas se planteó sustituirlo por uno eléctrico instantáneo. Los fabricantes prometían ahorro y eficiencia. La realidad, desgranada en un análisis técnico, tumbó el mito: los calentadores sin depósito necesitan una potencia descomunal que la mayoría de viviendas españolas no pueden asumir.
La potencia necesaria para una ducha
El primer punto de choque fue el cálculo termodinámico. Para elevar la temperatura del agua 30 °C a un caudal de 10 litros por minuto —lo normal en una ducha— se requieren 21 kW de potencia instantánea. Eso equivale a 91 amperios en una instalación monofásica de 230 voltios. Los modelos comerciales de menor potencia rara vez bajan de 3 kW, insuficientes para más que un chorro tibio. Los instantáneos que sí funcionan (13-15 kW) exigen trifásica y una acometida que pocos pisos tienen. En el norte de Europa son habituales, pero las viviendas allí están preparadas con cableados de calibre industrial.
La factura fija que nadie calcula
El segundo golpe llegó con el coste fijo. Un caso real ilustra el problema: un inquilino con un calentador instantáneo Junkers modelo ED24-1S (400V, 24 kW, 35A) se encontró con una potencia contratada obligada de 10,392 kW, solo por cuyo término fijo pagaba 57,17 euros cada dos meses. Con un termo acumulador eléctrico convencional, la potencia contratada podría reducirse a 3,3 kW, ahorrando decenas de euros al año solo en el fijo. El consumo variable, eso sí, es prácticamente igual: calentar un litro de agua cuesta la misma energía, se haga al instante o lentamente.
Seguridad y durabilidad
En el apartado de seguridad, los termoacumuladores ganan por goleada. Los instantáneos de alta potencia requieren una instalación con toma de tierra impecable, magnetotérmico de al menos 20 A y un diferencial que funcione. Sin toma de tierra —algo frecuente en edificios antiguos— el riesgo de electrocución es real. La experiencia indica que un termo convencional bien mantenido (con ánodo de sacrificio sustituible) puede durar más de seis años, mientras que la cal en zonas de agua dura acorta su vida. Los instantáneos, además, se enfrentan al desgaste por los continuos contrastes térmicos en las resistencias.
¿Y el butano? Una opción ignorada
Para muchos, la solución más sensata sigue siendo el butano: no exige cambios de potencia, el coste por kWh es menor y, en climas suaves, una bombona puede durar hasta dos años. Eso sí, requiere cargar con bombonas y ajustar bien la temperatura para no alternar entre escaldaduras y agua fría.
La conclusión, a la vista de los datos, es clara: el calentador eléctrico instantáneo solo es viable si la vivienda ya tiene trifásica y una potencia contratada muy alta. Para el común de los hogares, el termo acumulador o el butano salen más rentables y seguros.
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