Gasóleo o gas natural: la batalla del ahorro energético en calefacción
Quien piense que pasarse del gas natural al gasóleo reduce la factura energética va a llevarse un chasco. Los datos disponibles desmontan esa intuición: el coste por kWh del gasóleo ronda los 0,068 € frente a los 0,047 € del gas natural, y una buena caldera de gasóleo apenas alcanza el 94% de rendimiento, mientras que una de condensación a gas supera el 108%. La diferencia no es nimia, y la inversión inicial tampoco juega a favor del gasóleo.
Costes energéticos: los números cantan
El precio del kWh de gas natural se sitúa en 0,047 €, mientras que el del gasóleo alcanza los 0,068 €, según estimaciones contrastadas en el sector. Y eso sin contar que el gasóleo ha llegado a picos de 0,09 €/kWh cuando el barril de crudo se dispara. A eso se suma que una caldera de gasóleo nueva cuesta, como mínimo, 3.000 € en zonas como Galicia, y las de condensación a gas rondan los 1.500-2.000 € (tan solo 300 € más que una de bajo NOx en viviendas de 180 m²). La ecuación es clara: el gas natural sale ganando en coste operativo y de adquisición.
Rendimientos: el truco del 108%
¿Cómo puede una caldera rendir por encima del 100%? La clave está en el poder calorífico inferior (PCI). Las calderas de condensación recuperan el calor latente de los gases de combustión al condensar el vapor de agua, logrando rendimientos del 108% sobre PCI. Esto no es magia, sino eficiencia térmica real. Para que funcione, el agua de retorno debe estar fría, idealmente con suelo radiante a baja temperatura (por debajo de 45 °C). Con radiadores convencionales, el ahorro se reduce, pero sigue siendo superior al de cualquier caldera de gasóleo, cuyo rendimiento se queda en el 94% en el mejor de los casos.
Alternativas: pellets, biomasa y bombas de calor
Los pellets aparecen como opción recurrente: 280 € por palé de 1.050 kg, equivalentes en energía a unos 525 litros de gasóleo (2 kg de pellets = 1 litro de gasóleo). El coste del pellet ronda 0,22 €/kg, lo que lo sitúa como el combustible más barato en coste por kWh, aunque la caldera cuesta el doble o el triple que una de gasóleo. Además, requiere un silo y suministro de calidad certificada (DIN PLUS). En Andalucía, el hueso de aceituna se subvenciona hasta el 40% de la inversión. Las bombas de calor aire/agua o geotermia ofrecen eficiencias (COP) de 3 a 4, pero con inversiones elevadas (7.000 € o más). La geotermia, con costes de instalación muy altos, permite reducir facturas de 3.000 €/mes a 500 € en viviendas de alto consumo, pero no es para cualquiera.
Mantenimiento y peajes: el coste oculto del gas
El gas natural tiene costes fijos ineludibles: cuota de abono, revisiones anuales (unos 30 €) y revisiones obligatorias cada 4-5 años por 240-250 €. Si la potencia contratada supera cierto umbral, exige contrato de mantenimiento. En total, se pueden pagar 140-150 € al año sin apenas consumir. El gasóleo, en cambio, no tiene cuota fija, pero requiere mantenimiento propio (limpieza de filtros, quemador) y el depósito ocupa espacio y genera ruido de bomba. A largo plazo, la electrónica de las calderas de gasóleo suele fallar antes que el circuito hidráulico.
Predicción con reservas: a día de hoy, el gas natural con caldera de condensación sigue siendo la opción más equilibrada en coste, comodidad y rendimiento para la mayoría de hogares. Sin embargo, la presión regulatoria hacia la descarbonización y las subidas del precio del gas podrían inclinar la balanza hacia la biomasa o la aerotermia en los próximos años. Quien pueda permitirse una inversión inicial mayor haría bien en estudiar cada caso con datos propios. Los cálculos generales no siempre encajan en cada vivienda.
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