CaixaBank: la mitad de la población no habrá nacido en España dentro de 25 años
CaixaBank ha aprovechado la presentación de sus resultados trimestrales para lanzar una advertencia demográfica que ha encendido todas las alarmas. El banco ganó 1.572 millones de euros en el primer trimestre, un 7% más que el año anterior, y suma 372.000 nuevos clientes en doce meses. Pero el consejero delegado, Gonzalo Gortázar, fue más allá: en 25 años, la mitad de la población de España no habrá nacido en el país. Y pidió “seriedad institucional” para gestionar el cambio social que viene.
La cifra no es casual. El propio banco vincula su crecimiento de clientes a la regularización masiva de forasteros. Es decir, la entidad reconoce abiertamente que su negocio depende, al menos en parte, del fenómeno migratorio. La pregunta que flota en el ambiente es si la advertencia de Gortázar es un aviso sincero o una justificación para un modelo que ya no da más de sí.
El dato que ya se ve en las calles
Los análisis más pesimistas sostienen que la proyección del banco se queda corta. Si se suman los nacidos de padres extranjeros, el porcentaje de población con origen migrante ya rondaría el 50% en algunos territorios. España tiene cerca de 60 millones de habitantes, y tres millones habrían llegado en los últimos dos años. En ciudades como Valencia hay barrios donde el porcentaje de población forastero ya supera el 50%, y el ritmo no da señales de frenarse.
Pero el reparto no será homogéneo. Se apunta a que en las escuelas el porcentaje de alumnos de origen extranjero será abrumadoramente mayor que en las residencias de mayores, donde seguirán siendo autóctonos. Eso dibuja un país con una fractura generacional y cultural difícil de gestionar.
La doble cara de la “seriedad institucional”
Que un banco pida seriedad institucional tiene un punto irónico. CaixaBank no es exactamente un actor inocente en la crisis demográfica y de vivienda. Financió la burbuja inmobiliaria, absorbió Bankia en plena crisis tras el rescate público vía FROB, y hoy rentabiliza una cartera hipotecaria que se beneficia de la escasez estructural de oferta. Cuando un directivo de ese banco pide a la clase política que no caiga en “populismos de corto plazo”, muchos interpretan que lo que pide realmente es que no se toque un modelo que le da de comer.
La contraposición es clara: mientras la entidad gana más dinero que nunca gracias a la demanda sostenida de vivienda, los problemas sociales que genera esa misma dinámica se dejan sentir en el precio de los alquileres y en la saturación de los servicios públicos. La “seriedad” que pide el banco, dice otro sector del análisis, es la que le asegure que el negocio seguirá funcionando sin sobresaltos.
Vivienda: el nudo de todo
Detrás del pronóstico demográfico está el mercado inmobiliario. La oferta está estrangulada por la falta de licencias, el encarecimiento del suelo y la fiscalidad, mientras la demanda crece empujada precisamente por los flujos migratorios. El resultado es un círculo vicioso: los precios no bajan, la vivienda se convierte en un problema de primera magnitud y el malestar social se canaliza contra la inmi gración, cuando el problema real es la falta de política de vivienda.
Es ahí donde la discusión se atasca. Nadie pone en duda los datos demográficos; lo que se discute es qué hacer con ellos. Una parte del análisis pide planificación y gestión serias, otra parte cree que el único futuro posible es el que ya se está escribiendo en las calles. La advertencia de CaixaBank es, en el fondo, un aviso a los políticos: el cambio social ya está aquí y no se va a revertir. Pero la pregunta incómoda, la que el propio Gortázar no contesta, es quién pagará la factura y si seriedad institucional significa simplemente no tocar los intereses que están detrás.