Investigan la agresión sexual a una corredora en Vidreres
La investigación está abierta y no hay detenidos. En ese vacío de datos oficiales empieza el ruido. Los Mossos d'Esquadra buscan a un hombre que agredió sexualmente a una joven de 22 años que hacía deporte en una zona forestal de Vidreres, en la Selva (Girona). Ocurrió el pasado sábado, al mediodía, cuando la chica corría por unos caminos próximos a la urbanización Aiguaviva Parc: un individuo al que no conocía la abordó por sorpresa y la amenazó con un arma blanca. Tras coaccionarla, consumó la agresión y huyó. La víctima alertó a emergencias.
El perfil del sospechoso que nadie publica
Que las fuerzas de seguridad no hayan detallado el aspecto ni el origen del agresor alimenta la especulación. Parte de esa conversación salta a la demografía: se repite que en Vidreres uno de cada cinco residentes ha nacido en el extranjero, y que en la comarca la proporción supera el 22%, y se encadenan ambos datos al crimen. Es un salto que ningún informe sostiene. La nacionalidad de un sospechoso no explica un delito, y la ausencia de relato oficial sobre su identidad es, en sí, un hecho relevante.
«No vayas sola»: el riesgo repartido
Junto a la especulación sobre el autor corre otra discusión vieja: la que reprocha a la víctima haber salido sola, a mediodía, a correr por un descampado. Hay quien sostiene que exponerse a según qué escenarios es una imprudencia; enfrente pesa el argumento de que culpar al agredido equivale a decir que a quien le roban un reloj caro se lo tenía merecido. Cuánto riesgo asume una mujer por el simple hecho de entrenar es una pregunta que los datos disponibles no cierran.
Con el caso sin resolver, es previsible que siga tirando de dos debates que llevan años sin respuesta: la seguridad en los entornos periurbanos y el uso político de cada suceso. Que los Mossos detengan a un sospechoso no los cerrará a ellos.