Incendios en Aragón: el ciclo de dejadez que se repite cada verano
¿Por qué cada verano se repite la misma historia con los incendios forestales? Mientras Aragón arde, el diagnóstico es conocido: la falta de limpieza de montes en invierno y primavera deja un combustible perfecto para las llamas cuando llega el calor. En Extremadura, la situación es calcada. No es meteorología: es gestión.
Un problema de calendario, no de clima
El argumento recurrente es que si no se invierte en desbroce y poda durante los meses fríos, el monte acumula biomasa seca que actúa como yesca. Cuando la ola de calor aprieta, el desastre está servido. No hace falta un estudio: basta mirar el paisaje después del invierno. Los titulares de agosto son el resultado de la dejadez de enero.
La paradoja de la prevención
Se habla de partidas presupuestarias y planes forestales, pero sobre el terreno los montes siguen sin tocarse. Mientras, los vecinos ven cómo las llamas se acercan año tras año. La sensación de impotencia se mezcla con un cabreo creciente: se sabe lo que hay que hacer, no se hace, y luego llegan las culpas. El cálculo económico de no prevenir es un ahorro ficticio que se paga con hectáreas calcinadas.
El calor no es excusa, es agravante
Las olas de calor son cada vez más frecuentes, sí, pero el fuego no prende solo: necesita combustible. Y ese combustible lo dejamos nosotros. La gestión forestal no es cara; lo caro es esperar a que arda. En Aragón y Extremadura lo saben bien, pero la inercia administrativa pesa más que la lógica. Al final, el único plan que funciona es el de apagar, que nunca falta.
Con estos mimbres, el próximo verano volveremos a ver las mismas imágenes. Mientras, los políticos prometen planes integrales que se desvanecen como el humo.