El diésel de segunda mano se hunde: los compradores miran a otro lado
¿Todavía piensas que tu viejo turbodiésel vale algo? El mercado de coches de ocasión ha dado un volantazo. Hace apenas unos años, los diésel de entre 5 y 15 años eran los reyes del intercambio. Hoy, la demanda se ha evaporado. Mientras las matriculaciones de coches nuevos crecían ligeramente en la primera mitad de 2026 gracias a los modelos electrificados, el mercado de segunda mano retrocede con claridad. Y los grandes perdedores son los motores de gasóleo.
No es solo que los compradores prefieran híbridos y eléctricos – que también. Es que la oferta de diésel usados se enfrenta a un problema de doble filo: los coches de 10 a 15 años cada vez son más escasos porque sus dueños no quieren desprenderse de ellos, hartos de asumir pérdidas o de gastar en reparaciones. Tras 15 años, la fiabilidad se resquebraja y los costes de taller se disparan. Algunos propietarios, como los que fabrican biodiésel casero con aceite usado, resisten; pero son la excepción que confirma la regla.
¿Se salvan los gasolina? Por ahora, no
El derrumbe no discrimina del todo. Algunos análisis apuntan a que los gasolina de segunda mano sufrirán el mismo destino en breve. La incertidumbre regulatoria y el avance de la electrificación están cambiando el criterio de compra: un coche de combustión, sea del tipo que sea, empieza a verse como un activo depreciado.
Curiosamente, los coches de 20 años en buen estado – con menos de 200.000 km, chapa sana – aún se negocian entre 3.000 y 5.000 euros. Pero son casos raros, casi de coleccionista. El comprador medio busca otra cosa.
El futuro inmediato: más oferta que demanda
Con la demanda de diésel usados en caída libre, vender uno se ha convertido en una odisea. Los precios bajan, los plazos se alargan y los pocos interesados piden descuentos agresivos. Mientras, los coches eléctricos e híbridos de segunda mano empiezan a llenar los portales, aunque con sus propios fantasmas: envejecimiento de baterías, pocos modelos con varios años, y un recelo generalizado.
Total, que si tenías pensado anunciar tu diésel, buena suerte. El mercado te dice que el futuro es de las baterías – o de seguir con el coche de 1990, que al menos no se deprecia tanto. Ironías del cambio climático.